“Presidir el Consejo Social de la Universidad me permite devolver a Cádiz parte de lo que me ha dado” 15 mayo 2026
Fede Linares, presidente del Consejo Social de la Universidad, reivindica una universidad conectada con las necesidades reales de la provincia
“La misión de la Universidad no termina en el aula ni en el laboratorio, se completa cuando el conocimiento se traduce en soluciones tangibles para los desafíos de nuestro tiempo”. Esta frase, pronunciada por Fede Linares, presidente del Consejo Social de la Universidad de Cádiz, a lo largo de esta entrevista, resume de una manera canónica el propósito fijado para este órgano colegiado de la Universidad. Además, existe otra forma de acercarse a su propósito: el desarrollo de los Premios a la Implicación Social, que este año han celebrado su décima edición. En los mismos conviven, de una manera natural, el compromiso con entornos desfavorecidos, el talento investigador y hasta los sones desenfadados de la tuna. En sus respuestas, Fede Linares muestra cómo se trabajan esos vínculos íntimos entre sociedad y Universidad y analiza los retos que debe enfrentar la UCA para pasar de esas aulas y laboratorios, a las oficinas, los barrios y los hogares de la provincia.
Esta semana se ha celebrado la entrega de los X Premios a la Implicación Social. ¿Cómo fue el encuentro?, ¿qué representan estos galardones para el Consejo Social?
La ceremonia de entrega de los premios es siempre una jornada muy especial, pues se trata de unos galardones que nos permiten reconocer el compromiso excepcional de personas y organizaciones con nuestra comunidad. El encuentro de este año ha sido especialmente emotivo, tanto por el simbolismo que representa alcanzar la décima edición de los premios, como por la calidad humana y el extraordinario talento de las personas o las organizaciones galardonadas. Todos ellos encarnan una forma muy concreta y valiente de implicarse con el desarrollo de nuestra sociedad, desde ámbitos muy diversos, como la empresa, la investigación, la cultura o la acción social.
En este sentido, quiero volver a dar la enhorabuena a la Sociedad Cooperativa Andaluza de Nuestra Señora de los Remedios (Premio Institución Empresarial), a Alexis Morante (Premio Egresado), a María Rosa Durán (Premio Investigación), a la Tuna de Ciencias Sociales y Comunicación de Jerez (Premio Alumni) y a mi querida Fundación Alalá (Premio Institución Social), de la que tengo el orgullo y honor de ser vicepresidente y patrono. También quiero agradecer a quienes nos acompañaron en un evento tan especial para todos los que conformamos el Consejo Social de la Universidad de Cádiz, así como a todos los implicados en la organización de los galardones, que han hecho un trabajo, como siempre, extraordinario.
¿Qué funciones desempeña el Consejo Social de la Universidad de Cádiz y cuál es su papel dentro de la estructura de gobierno de la institución?
El Consejo Social de la Universidad de Cádiz es el órgano colegiado de participación de la sociedad en la universidad. Actúa como un puente estratégico e irrenunciable entre la excelencia académica y las demandas del entorno socioeconómico. Dentro de la estructura de gobierno, su papel es fundamental para asegurar que la Universidad no sea una isla, sino un motor de progreso para Cádiz a través de la supervisión económica y la transferencia de conocimiento al tejido público y empresarial.
Sus funciones se articulan en tres ejes principales. En el ámbito económico, supervisa la actividad financiera, aprueba los presupuestos anuales y promueve la colaboración social; en el académico, vela por que la oferta de estudios se adecue a las necesidades sociales. Y en su relación con la sociedad, participa en la planificación estratégica, gestiona programas de becas, reconocimientos a la implicación social y a la innovación docente, aprueba las normas de permanencia y fomenta colaboraciones clave para los egresados.

“El Consejo Social es fundamental para asegurar que la Universidad no sea una isla, sino un motor de progreso para Cádiz”
Desde 2020, usted preside el Consejo Social. ¿Qué le motivó a asumir esta responsabilidad?
Mi motivación nace de un profundo compromiso con mi tierra y con el ámbito de la educación. Mi trayectoria personal y profesional me ha llevado a creer firmemente en un modelo de economía humanista, en el que las empresas deben ser agentes de transformación social y han de asumir responsabilidades en el ámbito de la formación. En este sentido, presidir el Consejo me permite devolver a Cádiz parte de lo que me ha dado, fortaleciendo el vínculo entre la universidad y el tejido productivo, y contribuyendo, en la medida de nuestras posibilidades, a mejorar la educación de nuestros jóvenes.
Entre las prioridades del Consejo Social figura la transferencia del conocimiento. ¿Qué relevancia considera que tiene, en la misión de la Universidad, que sus investigaciones y proyectos tengan un impacto real en la sociedad?
Es fundamental entender que la misión de la Universidad no termina en el aula ni en el laboratorio; esta se completa únicamente cuando el conocimiento se traduce en soluciones tangibles para los desafíos de nuestro tiempo. Por ello, el Consejo Social actúa como un catalizador e impulsor de la transferencia, fomentando que el talento investigador tenga un impacto real en nuestro entorno. En nuestro Plan de Actuación 2026, priorizamos el apoyo a la innovación y a la cultura emprendedora como las mejores herramientas para generar riqueza y bienestar. Este compromiso se materializa en el apoyo a la creación de Empresas de Base Tecnológica (EBT), que son el puente definitivo entre la ciencia y el mercado. Ejemplos recientes de esta transferencia son la autorización para la creación de las empresas ZICLA y DigitalShape Engineering, que se suman a trayectorias ya consolidadas como la de Glucotypp. Estas iniciativas demuestran que, cuando la investigación sale de la universidad para transformarse en tejido productivo, estamos cumpliendo con nuestra vocación de servicio al bien común y al progreso de Cádiz.
¿Qué objetivos estratégicos se plantea el Consejo Social para los próximos años?
Para los próximos años, el Consejo Social se plantea una hoja de ruta centrada en cuatro ejes fundamentales que buscan fortalecer el impacto de la universidad en su entorno. En primer lugar, apostamos por impulsar la formación flexible y continua a través de la empleabilidad y microcredenciales. El objetivo es adaptar la oferta académica a las demandas reales del mercado laboral actual, permitiendo que los profesionales sigan formándose mediante programas cortos y especializados. Para ello estamos trabajando junto con el Vicerrectorado de Títulos y Calidad y los Colegios Profesionales de la provincia.
El segundo eje destacado es el emprendimiento. Queremos que la UCA sea una verdadera cantera de nuevos empresarios. La Cátedra de emprendedores de la UCA fue pionera en las universidades españolas y ha realizado una gran labor; hemos puesto en marcha la nueva Comisión de Emprendimiento, que actúa como catalizador para fomentar la cultura empresarial y el talento innovador desde la base universitaria, colaborando con el Vicerrectorado de Emprendimiento y Empleabilidad, con iniciativas como el programa de Innovación Abierta (conectando talento y empresa) y se colabora en los Premios AtrEBT.
La transparencia, el buen gobierno y el compliance, se sitúan como tercer eje estratégico. Trabajamos para consolidar a la UCA como un referente nacional en rendición de cuentas. Fortalecer el Compliance y los sistemas de control interno es esencial para garantizar una gestión ética y eficiente de los recursos públicos.
Por último, impulsamos la conexión Alumni e inserción profesional para mejorar la empleabilidad de nuestros graduados y el sentido de pertenencia a nuestra universidad fortaleciendo la red de antiguos alumnos. El objetivo es que los Alumni UCA sigan vinculados activamente al progreso de la institución, creando una comunidad fuerte que revierta su experiencia en las nuevas generaciones. Recientemente se ha nombrado a Rita Benítez como nueva presidenta para impulsar esta red.
Trabajamos para consolidar a la UCA como un referente nacional en rendición de cuentas.
Personalmente, ¿qué le ha enseñado su contacto directo con la comunidad universitaria desde su puesto en el Consejo Social?
Si algo me ha dado este contacto directo con la comunidad universitaria es perspectiva y una visión más enriquecida y completa. La universidad es, probablemente, uno de los pocos espacios donde todavía es posible un diálogo realmente abierto y horizontal. Donde las ideas importan mucho más que las posiciones. Y eso, en un contexto como el que estamos viviendo, tiene muchísimo valor. He tenido la oportunidad de dialogar con estudiantes, profesores, sindicatos y personal administrativo, permitiéndome comprender que el valor que para un aprendizaje completo tiene el intercambio constante de ideas, los debates sinceros y, sobre todo, del contacto directo con aquellos que, día a día, viven la realidad universitaria.
Esta etapa refuerza una convicción que ya tenía: la universidad no puede vivir de espaldas a la sociedad a la que pertenece. La universidad debe formar al talento y seguir generando conocimiento, pero también debe conectar con los retos reales de su entorno.
Además, como presidente de EY España, veo cada día el enorme potencial que existe en la relación universidad-empresa. Son dos mundos que deben avanzar de manera conjunta. La universidad aporta esa base intelectual, ese rigor junto con el pensamiento crítico y esa capacidad de análisis; la empresa, por su parte, tiene la capacidad de convertir ese conocimiento en soluciones concretas capaces de generar impacto.
Cuando esa conexión funciona, se produce una verdadera transferencia de conocimiento que beneficia a ambos y, sobre todo, a la sociedad en su conjunto.
“La universidad debe formar al talento, seguir generando conocimiento y conectar con los retos reales de su entorno”
Desde su experiencia profesional, ¿qué fortalezas destacaría de la Universidad de Cádiz en el contexto del sistema universitario español y en qué ámbitos considera que puede seguir avanzando?
La Universidad de Cádiz posee una resiliencia y un talento humano extraordinarios que la sitúan como un referente en ámbitos estratégicos como la Economía Azul. Nuestra solidez institucional es innegable, siendo un modelo de transparencia envidiable a nivel nacional. Destaca su posición como la tercera universidad más transparente de España según el ranking DYNTRA y su capacidad de adaptación a nuevas normativas como la LOSU lo que genera la confianza necesaria para atraer inversión y talento.
Sin embargo, somos plenamente conscientes de que para alcanzar nuestro máximo potencial debemos ser exigentes con nuestras áreas de mejora. La internacionalización es, sin duda, uno de nuestros grandes retos pendientes. Si bien la alianza SEA-EU (Universidad Europea de los Mares) está siendo un éxito y ha sido recientemente premiada por el Foro de Consejos Sociales de las Universidades Públicas de Andalucía, no podemos caer en la autocomplacencia: necesitamos mejorar nuestra proyección exterior. En este sentido, el nuevo Plan de Internacionalización de la UCA nace con una vocación muy ambiciosa para revertir esta situación y lograr que nuestro talento no tenga fronteras, pero mantenga siempre sus raíces en Cádiz.
Del mismo modo, aunque se han producido avances significativos en la conexión con la sociedad, entendemos que este vínculo debe seguir madurando y profundizándose. El Consejo Social identifica tres pilares críticos donde debemos acelerar el paso con urgencia.
El primer pilar sería la agilidad en la transferencia para dinamizar los procesos para que la innovación del laboratorio llegue de forma efectiva y rápida al mercado y a la ciudadanía. En segundo lugar, la formación dual y tesis industriales para nutrir e intensificar la colaboración con la empresa y que nuestros investigadores y estudiantes se formen en entornos reales de alta competitividad. Por último, la escucha activa del entorno refuerza los canales de comunicación con el tejido productivo y social para que la universidad sea, cada vez más, una respuesta directa a las necesidades de Cádiz.
En un escenario en el que se reivindican tanto la autonomía universitaria como una mayor interacción con el tejido productivo, ¿cómo puede el Consejo Social articular una cooperación estratégica que respete la independencia académica y los valores propios de la institución?
La clave es la lealtad mutua y el propósito compartido. La autonomía universitaria es sagrada, pero debe dialogar con el tejido productivo y escucharlo. El Consejo Social facilita este diálogo buscando puntos de encuentro donde el rigor académico y la eficiencia empresarial se sumen para el bien común, sin que ninguna de las partes pierda su esencia.
Como presidente del Consejo Social de la Universidad de Cádiz, ¿qué mensaje trasladaría a los estudiantes que ven con incertidumbre su futuro laboral?
La incertidumbre es un sentimiento completamente normal en contextos de constante cambio. A lo largo de mi trayectoria, he aprendido tres cosas que creo que pueden ser de utilidad. La primera es la grandeza de la humildad; la segunda es la importancia del inconformismo, y, la tercera, es que no hay que tener miedo a aprender.
Añadiría, en el actual contexto de revolución de la inteligencia artificial, la importancia de formarse en humanidades. Creo que, cuanto más presente está la tecnología en nuestro día a día, más importante es la formación en esas materias que han de servirnos de brújula para conformar criterio y pensamiento crítico, como la filosofía, la historia, la psicología, etc.
“A lo largo de mi trayectoria, he aprendido tres cosas que pueden ser de utilidad: la grandeza de la humildad, la importancia del inconformismo y que no hay que tener miedo a aprender”
A nivel personal, han reconocido su trayectoria con diferentes galardones. ¿Qué representó para usted la distinción de la Medalla de Andalucía el pasado año?
Recibir la Medalla de Andalucía en Ciencias Sociales y las Letras fue uno de los momentos más felices de mi vida. Me sentí profundamente emocionado y agradecido, porque soy un orgulloso andaluz y un orgulloso gaditano.
Estoy convencido de que se puede ser un activo ejerciente andaluz a pesar de vivir fuera de Andalucía; un andaluz “al otro lado del río”, como decía Alberti. Vivo en Madrid, pero desde allí trabajo comprometido con el bienestar y el progreso de mi tierra y de su gente. Y la Medalla me animó a seguirlo haciendo con mayor entusiasmo si cabe.
