Irene Cifuentes, voluntaria en Tánger: “La universidad es el puente que nos da la oportunidad de salir de nuestra burbuja” 24 julio 2026
Esta alumna de la Universidad de Cádiz explica cómo la experiencia de voluntariado ha enriquecido su formación académica y su visión de otras realidades sociales
De Mérida a Tánger pasando por Jerez. Irene Cifuentes es una extremeña de 19 de años que cursa, en el Campus de Jerez, el doble grado de Publicidad y Relaciones Públicas con Marketing e Investigación de Mercados. Irene demuestra en esta entrevista que el mundo no sólo es de los valientes, sino también de los que no dudan en ofrecer lo mejor de su talento y de su entusiasmo para ayudar a los demás. Con experiencias anteriores en voluntariado local, este año se decidió a dar el paso y participar en el Programa de Voluntariado Internacional en Tánger organizado por la Oficina de Acción Social y Solidaria del Vicerrectorado de Sostenibilidad y Cultura, en una actividad que, como indica unas líneas más abajo, no busca imponer una visión del mundo, sino buscar miradas compartidas.
¿En qué consiste el programa de Voluntariado que está realizando en Tánger?
Es un programa en el que un grupo de alumnos de la Universidad de Cádiz de todos los campus, carreras y edades nos unimos para poder aportar nuestro granito de arena. En parejas o grupos de tres y de cuatros asistimos cinco días a la semana a distintas organizaciones que se encuentran en los barrios vulnerables de Tánger. Son organizaciones pequeñas que durante todas las ediciones del voluntariado han ido evolucionando, pero que aún no tienen suficientes recursos. Nuestro objetivo no es ir allí a imponer nada ni a decirles cómo tienen que actuar, sino aportar un punto de vista fresco, proponer dinámicas diferentes y mostrarles otra forma de trabajar y enseñar. Se trata de sumar, no de cambiarles.
¿Cómo descubrió esta iniciativa de la Universidad de Cádiz? ¿Cómo fue el proceso desde que se enteró de la convocatoria hasta que, finalmente, empezó el proyecto?
En mi caso, me enteré de que existía gracias a una amiga que lo leyó en los correos informativos de la UCA. La mayoría de los que estamos aquí lo hemos conocido así o por el boca a boca de otros años. Este año, estamos intentando dar a conocer más esta experiencia mediante las redes sociales de la uni. Éstas tienen un alcance brutal entre nosotros y así más estudiantes pueden enterarse y acabar viviéndolo.
Una vez que te apuntas, el proceso va bastante rodado. Todo se gestiona por correo: rellenas la solicitud y confirmas tu asistencia a las jornadas de formación de un fin de semana en Benaocaz, dónde ya conoces al grupo y comprendes mejor de qué va la cosa. Tras superar ese finde y una vez que los coordinadores cuadran los perfiles con los centros de Tánger, te asignan tu destino y te dicen qué necesitan de ti. A partir de ahí, ya somos nosotros mismos los que nos ponemos en contacto con la organización.
“Nuestro objetivo es aportar un punto de vista fresco, proponer dinámicas diferentes y mostrarles otra forma de trabajar y enseñar”
¿Cómo cree que esta experiencia puede mejorar su experiencia académica en la Universidad de Cádiz?
En mi caso, estudiando Publicidad y Marketing, te pasas el día analizando públicos y buscando formas de conectar con la gente. Venir aquí te baja de la teoría a la realidad de golpe. Aprendes a comunicarte sin importar las barreras del idioma, a empatizar de verdad y a buscar soluciones creativas con recursos muy limitados. En clase nos hablan mucho de adaptabilidad y resolución de problemas pero es aquí cuando de verdad he sentido que nos hemos enfrentado a inconvenientes. Te da una agilidad mental que en un aula no se aprende.
A nivel académico, siempre nos meten mucha caña con la teoría, pero se habla poco de las habilidades que necesitas para sobrevivir al salir de la carrera. Trabajar en equipo con gente de otros campus que no conocías de nada, adaptarte a un ritmo de trabajo totalmente diferente y saber reaccionar cuando las cosas no salen como planeabas son lecciones brutales. Esta experiencia te enseña a parar, pensar con la cabeza fría y recalcular la ruta, algo que me va a venir increíble tanto para los trabajos en grupo de la uni como para mi futuro profesional.
¿Cómo enriquece su labor en el terreno el hecho de ser alumna de la Universidad de Cádiz?
Para empezar, si no fuera gracias a la UCA, yo ni siquiera me habría enterado de este programa y, muy posiblemente, nunca me hubiese venido de voluntariado a Tánger. La universidad es el puente que nos da la oportunidad de salir de nuestra burbuja. Además, creo que el hecho de ser estudiantes de Cádiz nos hace aportar un punto de vista muy dinámico y fresco. Al venir de diferentes campus y carreras como educación, ingenierías, medicina… nos complementamos un montón. En el terreno, esto se nota muchísimo: nos toca improvisar constantemente. Un día te encuentras con un grupo donde se mezclan niños de 8 años, adolescentes de 16, señoras de 40 y una abuela de 60, y tienes que inventarte algo en cinco minutos que funcione para todos. Ahí es donde sale a la luz nuestra formación: conectar con públicos tan distintos, la empatía y la creatividad para sacar adelante actividades chulísimas de la nada y sin presupuesto. Aportamos esa mentalidad joven, resolutiva y con ganas de sumar que a veces las asociaciones locales, por falta de recursos o de tiempo, no pueden desarrollar en su día a día.
“Venir aquí te baja de la teoría a la realidad de golpe”
¿Qué ha sido lo más duro y lo más gratificante de estos días de experiencia en Tánger?
Lo más duro, sin duda, ha sido el choque de realidades. Salir de tu país y de tu cultura hace que situaciones que en tu día a día son lo más normal del mundo, aquí se conviertan en un reto o resulten incluso incómodas, por no hablar de la barrera del idioma en muchos momentos. Al trabajar codo con codo con barrios vulnerables, te chocas de frente con una realidad muy dura. Te hace pensar: ¿cómo es posible que en un lugar que está a tan solo cuarenta minutos en ferry existan vidas tan sumamente distintas? El ritmo de la ciudad, con tanta gente y tanto movimiento, a veces también puede resultar un poco abrumador.
Sin embargo, lo más gratificante compensa todo eso al final del día. Te acuestas en la cama viendo cómo eres capaz de sobrellevar ese descontrol y de adaptarte. Cada pequeña victoria cuenta: aprender una nueva palabra en Darija (el dialecto de aquí), conseguir enseñar algo, o el simple hecho de lograr comunicarte y conectar con la gente. Esos pequeños momentos te dan una sensación súper reconfortante y te vas a dormir pensando: “Hoy he hecho algo mejor que ayer”.
Antes del desplazamiento a Marruecos, el grupo completó unos días de formación especializada en Benaocaz, ¿hasta qué punto considera importante esa formación previa antes de actuar en el terreno?
Para nosotros ha sido fundamental antes de viajar. Por un lado, a nivel humano, te permite conocer a la gente con la que vas a convivir las próximas semanas, lo que te da la seguridad de sentir que en todo momento estás acompañada y apoyada por tu grupo. Por otro lado, es el momento en el que de verdad te enteras de qué se espera de ti y qué es lo que vas a hacer exactamente sobre el terreno. Te ayuda muchísimo a conocer un poco mejor una cultura sobre la que, por desgracia, existen muchos prejuicios y de la que sabemos muy poco para lo cerca que está de nosotros. Además, te dan herramientas muy útiles para que, cuando te encuentres con situaciones chocantes en el día a día, seas capaz de parar, replantearte por qué está pasando eso y ver qué puedes hacer tú al respecto. Te ayuda a quitarte las expectativas de película y a entender que vas a aportar tu granito de arena desde el respeto, no a cambiarles la vida de la noche a la mañana.
Y algo que agradezco un montón es que en la formación no nos lo dieran todo masticado; nos dejaron algunas dudas y cuestiones en el aire a propósito para que fuéramos nosotros mismos los que las averiguásemos al llegar. Eso fue un puntazo porque nos picó la curiosidad al máximo y nos hizo viajar con muchísimas más ganas.
“Al trabajar codo con codo con barrios vulnerables, te chocas de frente con una realidad muy dura”
¿Qué le diría a quienes dudan de iniciar un programa de voluntariado internacional?
Les diría que es una oportunidad increíble para crecer y aprender. Salir de tu zona de confort te obliga a gestionar las dificultades muchísimo mejor y, sobre todo, te enseña a agradecer lo que tienes. Ahora mismo somos jóvenes y estamos en la edad perfecta para investigar y tener curiosidad; de hecho, la curiosidad es de las mejores cualidades que puede tener una persona, tengamos la edad que tengamos. Las personas más comprensivas y que menos juzgan son aquellas que más versiones de lo “normal” han conocido. Al viajar y aprender sobre culturas, te das cuenta de que lo que para ti es la única forma de vivir, en otro lugar se hace de manera totalmente distinta y es igual de válida: conocer esa diversidad es lo único que te abre la mente de verdad.
A veces no somos conscientes del impacto que una acción completamente cotidiana para nosotros puede tener en la vida de otra persona; es el puro efecto mariposa. En definitiva, es una experiencia sumamente enriquecedora que te cambia la perspectiva por completo. Si tienes la oportunidad, ni te lo pienses.
