Investigadores de la UCA demuestran que los bosques fragmentados tienen déficits de diversidad vegetal por falta de semillas 2 febrero 2026
Un experimento con 61.000 semillas y plantaciones en el Valle del Guadalquivir indica que la fragmentación del paisaje frena la recolonización incluso cuando el hábitat es adecuado
Un equipo investigador de la Universidad de Cádiz, pertenecientes al departamento de Biología y al Instituto Universitario de Investigación Marina- INMAR, ha publicado en Journal of Applied Ecology un trabajo que aporta evidencia experimental de que numerosos fragmentos de bosque mediterráneo rodeados por cultivos albergan menos diversidad de plantas de la que podrían, no porque el entorno sea inadecuado sino porque la llegada de semillas a esos enclaves es insuficiente. El estudio está firmado por Lucía Acevedo-Limón, Beatriz Rumeu, Marta Linares y Juan P. González-Varo.
Para entender bien este trabajo hay que tener en cuenta que la investigación se centra en un paisaje históricamente muy alterado, donde la deforestación y el uso del territorio han ido transformando las masas forestales en fragmentos aislados entre cultivos, carreteras y zonas urbanas, y donde además se han sumado perturbaciones como el pastoreo, la extracción de madera o los incendios, con posibles desapariciones locales de especies. En particular, el estudio se desarrolló en la provincia de Cádiz, en el Valle del Guadalquivir, donde la cobertura forestal se ha reducido de forma notable hasta quedar en torno a un 5% del territorio.
En este contexto, este equipo de expertos plantea una pregunta clave para la conservación y la restauración ecológica: ¿cuándo una especie típica del bosque mediterráneo falta en un fragmento que, a priori, podría albergarla, esa ausencia se debe a que el hábitat no es adecuado o a que la especie no consigue recolonizarlo porque sus semillas no logran llegar? Así, es conveniente aclarar que, “si rememoramos un viaje en coche, gran parte del paisaje que atravesamos son cultivos y pueblos. Para las plantas, dispersar sus semillas a través de estas zonas resulta muy difícil. Si una especie desaparece de un fragmento, su recolonización puede verse bloqueada simplemente porque las semillas no logran llegar desde otros fragmentos”, como explica Lucía Acevedo-Limón, investigadora de la Universidad de Cádiz y autora principal del estudio.
Con ello, el trabajo pone el foco en la dispersión de semillas, el proceso por el que las plantas “se mueven” y pueden recolonizar zonas donde han desaparecido. En paisajes fragmentados, sin embargo, esa llegada de semillas desde otros fragmentos puede ser escasa, incluso para especies cuyos frutos carnosos suelen ser transportados por animales frugívoros, principalmente aves que consumen la pulpa y expulsan las semillas intactas. Por el contrario, otras especies, como algunas jaras, suelen dejar caer sus semillas cerca de la planta al no depender habitualmente de animales para dispersarlas.
Para comprobar hasta qué punto la limitación es de “llegada” y no de “hábitat”, el equipo realizó un experimento de introducción de especies del conjunto regional. En concreto, sembraron 61.000 semillas de 10 especies de arbustos en 10 grandes fragmentos forestales, comparando la germinación y la supervivencia de plántulas en fragmentos donde cada especie estaba presente con otros donde estaba ausente, aunque aparentemente eran adecuados. Además, parte de las siembras se protegió con pequeñas jaulas para excluir vertebrados granívoros y herbívoros y evaluar si estos animales actuaban como filtro ecológico en las primeras fases del establecimiento.
Cuando las semillas llegan, las especies son capaces de establecerse
Los resultados fueron consistentes con una idea central: cuando las semillas se introducen, muchas especies son capaces de establecerse también en los fragmentos donde no estaban. De media, las probabilidades de establecimiento fueron similares en fragmentos ocupados y no ocupados, lo que sugiere que el hábitat puede ser adecuado y que la ausencia responde, en gran medida, a que no llegan semillas o a que no lo hacen en número suficiente para formar nuevas poblaciones. Por otra parte, la presencia de vertebrados redujo el establecimiento en general, pero lo hizo de forma parecida en ambos tipos de fragmentos, de modo que no explica por sí sola las ausencias observadas.
Con estos resultados, los investigadores han querido incidir en las implicaciones prácticas para la recuperación de la diversidad vegetal en paisajes muy transformados. Y es que “por un lado, podríamos facilitar la llegada de especies de plantas ausentes en los bosques mediante siembras o plantaciones de brinzales (plantas jóvenes). Otra posible actuación sería mejorar la conectividad del paisaje creando setos en los bordes de los cultivos que estén compuestos por una alta diversidad de especies de plantas autóctonas. Esto aumentaría la movilidad de las aves frugívoras y la disponibilidad de semillas en los paisajes, lo que facilitaría la recolonización de bosques que sufran extinciones locales, por ejemplo, tras un incendio”, en palabras de Juan P. González-Varo, profesor de la Universidad de Cádiz y coautor del trabajo.
Referencia bibliográfica: Acevedo-Limón, L., Rumeu, B., Linares, M., & González-Varo, J. P. (2026): ‘Uncovering biodiversity deficits: Experimental evidence for dispersal limitation of woody species in Mediterranean forest patches’. Journal of Applied Ecology, 63, e70207. https://doi.org/10.1111/1365-2664.70207

Pie de imagen: Fragmento de bosque mediterráneo rodeado de cultivos (superior). Un mirlo común (Turdus merula) consumiendo un fruto carnoso de aladierno (Rhamnus alaternus), cuyas semillas son dispersadas por aves frugívoras (inferior derecha). Frutos en cápsula de jaguarzo blanco (Cistus halimifolius), característicos de las jaras, cuyas semillas suelen caer al suelo al abrirse la cápsula madura (inferior izquierda). Fotografías de Lucía Acevedo Limón y Juan P. González Varo.
