Hugo Juan Hernández, el estudiante de Aeroespacial en la UCA que desafió el aire sumergiéndose en el mar 13 febrero 2026
El estudiante obtuvo el segundo premio en el ‘Desafío Optidrone’ con un proyecto de aeronave capaz de volar y, además, operar bajo el agua
Una de las grandes capacidades del conocimiento es la de destruir los tópicos para mostrar los mil matices de los hechos. La Universidad siempre opone, a la facilidad de los estereotipos manidos, la tozuda realidad de que los hechos son más complejos y diversos. Uno de los ejemplos lo constituye Hugo Juan Hernández. Si lo presentamos como el alumno de 21 años de Ingeniería Aeroespacial de la Escuela Superior de Ingeniería (ESI) que resultó premiado en un concurso nacional sobre drones, puede que imaginemos a un joven brillante en cálculo enfrascado en los libros que entró en la carrera con la máxima nota. Pero lo que Hugo comparte en esta entrevista es mucho más atractivo: su mejor nota en Selectividad fue en Historia y la peor, en Matemáticas; accedió al grado por su condición de deportista de alto nivel y es consciente de que, para ser un ingeniero brillante, en ocasiones hay que sacrificar algún examen. Esa ruptura de moldes le llevó a plantear, en la competición de Desafío Optidrone, un diseño que no sólo surcara el cielo, sino también el mar.
Usted es de Santander, ¿por qué decidió venir a estudiar a la Universidad de Cádiz, que está a casi mil kilómetros?
Busqué varias opciones donde se impartiera Ingeniería Aeroespacial, como Galicia, Madrid, Barcelona, Valencia, León, Toledo, Sevilla. En algunos casos, la ciudad no terminaba de convencerme y otros, no me parecía como entornos universitarios. Cádiz me llamó la atención por el entorno y por lo que transmitía. Al final, era una ciudad con mar, y eso pesa. Y sí, es una gran distancia, la experiencia es casi como irte de Erasmus: estás lejos de casa y vuelves en Navidad, Semana Santa o verano, que siempre subo para estar con mis padres y trabajar.
¿Trabaja en Santander?
Sí, desde hace cinco años trabajo en verano para la Federación Española de Vela. La vela forma parte de mi vida desde pequeño; he competido en alto rendimiento y, de hecho, hice Formación Profesional de Técnico Deportivo. De hecho, no entré en el grado por la nota, porque yo saqué algo más de un 10 y pedían más de 12; lo hice por el cupo para deportistas de alto rendimiento. Compatibilizar competición y estudios es complicado, y este sistema permite que quienes dedicamos muchas horas al deporte podamos seguir formándonos académicamente.
Ahora la tengo un poco aparcada, porque es una actividad exigente, y la practico cuando algún amigo me pide que le enseñe.
Sorprende que gustándole tanto la vela se decidiera por cursar una titulación como Ingeniería Aeroespacial.
Creo que la conexión con la ingeniería es bastante directa. La vela es aerodinámica pura, física de fluidos, estructuras… Es curioso cómo algo que practicas casi de forma intuitiva luego lo entiendes con ecuaciones. Muchas veces la gente no se para a pensar cómo un barco puede avanzar incluso contra el viento, y detrás hay una física complejísima, igual que para que un avión levante el vuelo. Y si te fijas, las alas de un avión son como una vela en horizontal. Supongo que esa curiosidad por entender lo que ya vivía en el agua me llevó también hacia la ingeniería.
¿Cuándo decide estudiar Ingeniería Aeroespacial?
En bachillerato estaba bastante perdido. No tenía claro hacia dónde tirar. Recuerdo perfectamente el momento: un profesor mencionó la carrera en clase y fue como un clic. Me gustó cómo sonaba, pero más allá de eso, empecé a pensar en lo que implicaba. La aerodinámica, las estructuras, la física… todo eso ya me interesaba. Una vez que llegas, descubres que la carrera tiene mucho empaque técnico y que el salto es grande. El ritmo y la exigencia no tienen nada que ver con Bachillerato. El primer año es adaptarse. Pero si te gusta de verdad, sigues.
Ha mencionado el tema de las asignaturas, algo que asusta bastante a los que quieren estudiar una carrera como la suya. ¿Qué se les puede decir a quienes no eligen una ingeniería por la dificultad de las asignaturas?
Que no tome la decisión solo por una asignatura que le impone respeto. A veces confundimos “se me da bien el programa” con “me gusta la carrera o la profesión”. Y no es lo mismo. Yo entré porque me gustaba la física. Las matemáticas nunca han sido mi pasión, pero las entiendes y avanzas. Al final, lo que estudias en la carrera es solo una parte muy pequeña de lo que luego será tu trabajo real. En ingeniería, por ejemplo, no vas a estar haciendo cálculos a mano en tu día a día profesional. Lo importante es que te interese el campo y que tengas curiosidad. Lo demás se aprende con esfuerzo. En mi caso, por ejemplo, en EVAU la nota más alta que obtuve fue en Historia y la más baja, precisamente, en Matemáticas.

Hugo Hernández recoge el premio del Desafío Optidrone en la Escuela Superior de Ingeniería.
Me dice que llega a la carrera y aparca un poco la vela. Supongo que para dedicarse al 100% a los estudios.
Pues no creas, porque siempre estoy trasteando, con distintos proyectos y buscando nuevos retos. En mi segundo año en la Escuela, entré a formar parte de UCA&Air, el equipo de aeromodelismo de la Universidad de Cádiz. Allí me encargaba de la aerodinámica al principio y luego fui jefe de diseño. No nos fue mal: llegamos a quedar terceros en un concurso nacional. En tercero de carrera participé también en un certamen de Airbus de diseño de cohetes y, en la actualidad, formo parte del equipo de Fórmula Gades.
En las jornadas de asociaciones que celebró la UCA hace unos meses, el rector insistía en la importancia de participar en asociaciones para completar la vida académica. ¿Qué piensa usted?
Que esa formación extra es fundamental. En esos proyectos aplicas lo que estudias, pero sobre todo aprendes a trabajar en equipo y a asumir responsabilidades reales. Si tu parte no sale adelante, no te afecta solo a ti. Hay 60 o 70 personas detrás. Eso cambia completamente la perspectiva. Además, es un entorno donde puedes equivocarte, aprender y mejorar sin que el fallo tenga consecuencias profesionales graves. Es un entrenamiento muy realista para lo que viene después. En lo que sí que no puedes fallar es en decepcionar a los compañeros porque no te has esforzado o tomado en serio tu parte. Yo he sacrificado exámenes porque estaba con el diseño de algún componente para el equipo y teníamos ya los plazos encima. Me pasó una anécdota curiosa con un profesor, con el que fui a repasar un examen que estaba al límite mientras, en los equipos de precisión que estaban a su cargo producíamos unos componentes complejos.
Como te decía, es una manera también de generar comunidad. A mí me daría pena terminar la carrera sin haber participado en algo así, porque es donde realmente empiezas a entender cómo funciona el mundo profesional.
Aún no hemos hablado del Desafío Optidrone, la competición nacional de drones con la que obtuvo el segundo premio. ¿Cómo fue el proceso para conseguir ese galardón?
Conocí la convocatoria por un correo que nos mandaron a los alumnos y me animé. Las bases no dejaban nada claro qué tipo de vehículo había que diseñar, así que decidí intentar plantear algo diferente. Sabía que muchos proyectos irían por la línea más habitual, del típico dron fotográfico o de reparto de mercancías que nos viene a la cabeza. Así que pensé: si puedo innovar, voy a hacerlo. Diseñé un dron híbrido capaz de operar tanto en aire como bajo el agua, con una configuración con motores coaxiales, pensado para tareas de inspección en entornos marítimos, como infraestructuras offshore. La idea era reducir riesgos humanos y optimizar recursos en ese tipo de trabajos. Fue un reto interesante porque implicaba no solo optimización estructural, que era la base del concurso, sino también pensar en aplicaciones reales, en el entorno operativo y en cómo hacerlo viable. Más allá del resultado, me quedo con el proceso: investigar, diseñar, ajustar y defender el proyecto.
¿Qué planes tiene ahora?
Ahora mismo estoy centrado en Fórmula Gades, queremos mejorar los resultados del año pasado. No será fácil, el equipo cosechó un primer, un tercer y un quinto premio. Y, por supuesto, mi objetivo es terminar la carrera lo mejor posible. Después me gustaría cursar un máster; hay varias opciones que me interesan, pero quiero pensarlo bien. También me atrae la idea de trabajar fuera de España durante una etapa. No tengo un plan cerrado, pero sí una idea clara: seguir aprendiendo, seguir metido en proyectos y no limitar la experiencia universitaria a lo estrictamente académico.
