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noticia

“El Código Ético debe contribuir a que la universidad sea coherente con los valores que proclama” 16 octubre 2026

“El Código Ético debe contribuir a que la universidad sea coherente con los valores que proclama”

Cándido Martín, Jesús González, Francisco Vázquez y Juan Carlos Mougán, profesores que han participado en la revisión del Código Peñalver, reflexionan sobre los nuevos desafíos éticos de la Universidad de Cádiz y el compromiso de toda la comunidad universitaria

Los valores que definen a una universidad no solo se reflejan en sus normas, sino también en las decisiones que se toman cada día, en la manera de relacionarse de quienes forman parte de ella y en su compromiso con la sociedad. La convivencia, el respeto, la responsabilidad y la integridad académica forman parte de una cultura universitaria que debe evolucionar para responder a los desafíos de cada momento.

Más de veinte años después de la aprobación del Código Peñalver, la Universidad de Cádiz ha actualizado su Código Ético para adaptarlo a una realidad marcada por nuevos retos sociales, científicos y tecnológicos. Francisco Vázquez, Jesús González, Juan Carlos Mougán y Cándido Martín, los cuatro profesores que han participado en su revisión, reflexionan en esta entrevista, a través de respuestas elaboradas conjuntamente, sobre los principios que deben orientar la vida universitaria, los dilemas éticos que plantean cuestiones como la inteligencia artificial y la importancia de trasladar estos valores al día a día de toda la comunidad universitaria.

Una conversación sobre cómo construir, desde la responsabilidad compartida, una universidad más comprometida con las personas y con los desafíos de nuestro tiempo.

Han pasado más de veinte años desde la aprobación del Código Peñalver. ¿Qué valores del documento original siguen plenamente vigentes y cuáles ha sido necesario revisar para adaptarlos a la universidad actual?

Hay una serie de aspectos que el Código Peñalver no atendía o lo hacía de una manera secundaria, y que tienen que ver con el cambio de sociedad y de institución universitaria experimentado en los últimos 20 años. Por ejemplo, no había ningún apartado dedicado a la ética de la actividad investigadora, un aspecto que es central en la Universidad de nuestro tiempo. Otras dimensiones incorporadas con la reforma se refieren a la atención a la diversidad y la inclusión, el desarrollo sostenible, la revolución digital y la importancia de la Inteligencia Artificial o las consecuencias derivadas de una Universidad mucho más abierta al resto del mundo, mucho más internacional e involucrada en los procesos de globalización a escala planetaria. La reforma también ha buscado una mayor coherencia lógica y sistematicidad en la exposición, frente al formato más narrativo e impresionista del Código Peñalver original.

Respecto a las continuidades hay que destacar principalmente tres. El Código es sobrio, es decir, la exposición se mueve en un plano general, sin entrar en pormenores y detalles, de modo que el Código sea más flexible y perdurable, adaptable a los cambios del entorno. Al mismo tiempo, la sobriedad facilita también la transmisión y el aprendizaje del texto; al evitar un formato prolijo, resulta más sencillo convertir la letra impresa en disposición cívica. En segundo lugar, se mantiene la estructura, con una formulación de principios éticos que luego se aplica a las distintas actividades universitarias: docencia, aprendizaje del alumnado, tareas de representación y gobierno y administración y servicio. Aquí se ha incluido también, como se indicó, un nuevo apartado sobre investigación. Por último, se mantiene la ausencia de órganos y mecanismos sancionadores. Esto se debe, no solo al motivo puramente instrumental de evitar la sobrecarga burocrática (considerable en el actual organigrama universitario), sino a una razón de fondo. Se considera que el sujeto ético del Código lo constituye, no un comité de personas expertas, sino el conjunto de la comunidad universitaria. Esta debe deliberar y decidir a la hora de aplicar y de revisar el Código ético. Además, tiene un carácter orientador de la conducta que se considera excelente, no es un reglamento disciplinario. Por otro lado, la aprobación de comisiones o de procedimientos sancionadores implica un riesgo, un efecto no deseado que hoy contemplamos en muchas universidades norteamericanas: crear un órgano censor y punitivo promueve de una atmósfera de desconfianza, persecución y censura, poco deseable si se quiere mantener una convivencia saludable dentro de la comunidad universitaria. En cualquier proceso de reclamación ante los servicios de la Universidad se puede alegar la inadecuación de los comportamientos a las orientaciones del Código Ético, pero no debe existir un comité que monopolice la administración de sus preceptos.

“El sujeto ético del Código lo constituye, no un comité de personas expertas, sino el conjunto de la comunidad universitaria”

Para quienes no están familiarizados con este tipo de documentos, ¿cómo explicarían qué es un código ético y, sobre todo, para qué puede servir en el día a día de una universidad?

Aun cuando los códigos éticos tienen una muy larga historia, piénsese en el juramento hipocrático como primer ejemplo histórico, ha sido en la ultima parte del siglo XX y en el ámbito de la investigación biomédica, especialmente en la experimentación con humanos, que los códigos éticos han venido ganando relevancia. En las últimas dos décadas se vive una gran proliferación de códigos que se extiende a los ámbitos profesionales, pero también a empresas, instituciones, etc. En buena medida es un producto lógico dada la naturaleza democrática de las sociedades liberales. La regulación de las conductas ya no puede venir impuesta desde arriba por lo que son los mecanismos de autorregulación los que mejor cuadran con la adhesión a principios normativos que inspiren las conductas. En este sentido es un instrumento esencial para generar confianza en los usuarios y en la sociedad en general respecto de las prácticas de empresas e instituciones.

Así pues y para responder de manera directa, un código ético es un documento que recoge los valores y principios que deben orientar la actuación de quienes forman parte de una institución. En nuestro caso, expresa el compromiso de la universidad con los fines que justifican su existencia: la generación y transmisión del conocimiento y su contribución al bienestar de la sociedad.

Respecto de su utilidad esta radica, sobre todo, en ofrecer criterios para orientar decisiones y comportamientos en el ejercicio de la vida profesional. La vida universitaria plantea numerosas situaciones en las que no basta con el cumplimiento de la norma y se demanda la aspiración a un comportamiento excelente. Esto sucede, por ejemplo, con docentes y estudiantes, en la investigación, en la administración o gestión de los recursos públicos o, finalmente, en el ejercicio de las responsabilidades de gobierno.

El Código Ético no pretende sustituir a las normas jurídicas ni establecer un nuevo régimen de obligaciones y sanciones. Su finalidad es promover una cultura institucional compartida, favorecer la reflexión y el diálogo sobre nuestras responsabilidades y contribuir a que la universidad sea coherente con los valores que proclama.

“La vida universitaria plantea numerosas situaciones en las que no basta con el cumplimiento de la norma”

El Código se dirige a toda la comunidad universitaria. ¿Qué responsabilidades compartimos estudiantes, profesorado y personal técnico, de gestión y de administración y servicios para construir una universidad basada en el respeto y la confianza?

Aunque estudiantes, profesorado y personal técnico, de gestión y de administración y servicios desempeñan funciones distintas y tienen responsabilidades específicas, todos formamos parte de una misma comunidad universitaria y compartimos unos principios éticos fundamentales.

Por eso, el Código, tras las disposiciones preliminares, comienza identificando los valores y principios generales que deben orientar la actuación de todos sus miembros, con independencia de las funciones que desempeñen. Son los principios que singularizan nuestra misión como institución pública. Así, la integridad profesional, la libertad académica, el respeto a la dignidad de las personas, la igualdad y el trato justo, la responsabilidad profesional y el compromiso social, público y con la sostenibilidad constituyen un marco ético común.

Naturalmente, estos principios se concretan de manera diferente según cada tipo de actividad y el Código dedica un apartado a cada una de ellas: la actividad docente, la investigadora, la de gobierno y representación, la de gestión, administración y servicio, así como finalmente el estudiantado. Diferentes responsabilidades que se dirigen a un mismo compromiso: contribuir, desde nuestras respectivas funciones, a una universidad en la que las relaciones se basen en el respeto mutuo, la confianza y la cooperación.

La inteligencia artificial y las nuevas tecnologías plantean situaciones que apenas podían imaginarse cuando se aprobó el Código original. ¿Qué principios deberían orientar su utilización responsable en la docencia, la investigación y la gestión universitaria?

Aun cuando el impacto de las nuevas tecnologías, y en especial de la IA, será diferente según el tipo de actividad de que se trate hay una orientación que debe ser común y que aparece reflejada en las consideraciones preliminares en el punto séptimo. Cualquiera que sea su utilización lo que no debe es “sustituir el ejercicio del juicio que corresponde a cada miembro de la comunidad universitaria”. La IA trasformará muchas de las actividades universitarias, pero, en cualquier caso, debe ser una herramienta que contribuya al desarrollo de la autonomía intelectual, las capacidades personales y profesionales y la responsabilidad profesional.

“La IA trasformará muchas de las actividades universitarias, pero, en cualquier caso, debe ser una herramienta que contribuya al desarrollo de la autonomía intelectual”

¿Podrían poner algún ejemplo de una situación cotidiana en la universidad en la que los principios del Código puedan ayudar a tomar una decisión o resolver un dilema ético?

La presencia de dilemas y conflictos éticos son constantes en la vida cotidiana de la universidad como sucede, por lo demás, en las demás profesiones e instituciones. Piénsese en un docente que debe aplicar criterios de evaluación iguales para todos los estudiantes, pero puede encontrarse con situaciones personales que le requieran excepcionalmente un trato diferente. O un docente que, de acuerdo con su libertad académica se enfrenta a estudiantes que consideran controvertidas sus posiciones. También en el ámbito de la gestión o de los órganos de gobierno pueden surgir conflictos entre la eficiencia de una decisión y las exigencias de justicia y equidad. El número de ejemplos se podrían multiplicar indefinidamente. En ellos el Código no ofrece una respuesta determinada, sino que ha de servir de instrumento que oriente la reflexión y la deliberación.

En una comunidad universitaria donde conviven personas con ideas, experiencias y sensibilidades diferentes, ¿qué papel desempeñan el diálogo y el respeto a la hora de afrontar los desacuerdos?

En el Código hemos propuesto la deliberación como mecanismo esencial para comprender su naturaleza y utilidad. Pues los principios éticos no operan como reglas externas que se imponen mecánicamente sino como criterios compartidos que orientan nuestras decisiones a través de la reflexión y el diálogo. Es el contraste de pareceres e ideas, articulados en base a principios que se comparten lo que permitirá guiar la toma de decisiones. Este intercambio público de argumentos constituye una parte insustituible de una institución viva, abierta y democrática. El Código pretende precisamente contribuir a fortalecer esta cultura del diálogo y la deliberación.

“Este intercambio público de argumentos constituye una parte insustituible de una institución viva, abierta y democrática”

La investigación tiene ahora un espacio específico en el Código. ¿Cuáles son los principales retos éticos a los que se enfrenta actualmente la actividad investigadora?

Como hemos mencionado al comienzo la incorporación de la actividad investigadora es una de las novedades del Código Ético de la UCA. No cabe duda que se trata de una de las actividades fundamentales de la actividad universitaria que se enfrenta en la actualidad a importante y difíciles retos: la IA, las presiones económicas y comerciales, o la creciente competitividad, entre otros. Estos desafíos hacen especialmente necesario preservar la independencia, el rigor y la integridad de la actividad investigadora, así como su compromiso con los fines públicos y sociales de la universidad. El Código concreta cómo deben de aplicarse los principios éticos generales a la investigación, destacando especialmente la integridad y la responsabilidad profesional y social de quienes la desarrollan.

Durante el proceso de revisión se recibieron más de 80 aportaciones de la comunidad universitaria. ¿Hubo alguna preocupación o propuesta que les resultara especialmente significativa y que haya contribuido a mejorar el texto definitivo?

El número y diversidad de las aportaciones recibidas constituyen una muestra del interés suscitado por el documento y, de manera más general, de la vitalidad de la comunidad universitaria y de su disposición a participar en la reflexión sobre los principios y compromisos que deben orientar la vida de nuestra Universidad.

El análisis de las aportaciones permitió corregir y mejorar el texto inicialmente presentado. En primer lugar, corrigió errores y defectos materiales y formales, pero también sirvió para realizar algunas modificaciones de carácter sustantivo que, sin alterar la estructura ni la concepción general del Código, se consideró que precisan, completan o mejoran su contenido. Así, por ejemplo, aunque desde el principio habíamos reconocido la importancia del compromiso con la sostenibilidad, este no aparecía recogido entre los principios generales del Código, una omisión que las aportaciones recibidas nos permitieron advertir y corregir.

Ahora bien, otras aportaciones no fueron incorporadas no tanto por estar en desacuerdo con ellas sino porque como mencionamos con anterioridad el Código para ser útil había de ser sobrio y no pretender cerrar los debates éticos mediante una regulación exhaustiva de las situaciones que puedan producirse. En este sentido, se presentaron demandas que excedían a nuestro entender la función de un Código Ético o que reclamaban políticas que no podían ser asumidas sin convertirlo en un programa de gobierno.

“El número y diversidad de las aportaciones recibidas constituyen una muestra del interés suscitado por el documento”

Para terminar, si tuvieran que destacar una idea que les gustaría que cualquier estudiante, docente o trabajador de la UCA se llevara después de leer el nuevo Código Ético, ¿cuál sería?

Que el Código Ético es una herramienta que puede ayudarnos, individual y colectivamente, a reflexionar sobre el sentido de nuestras actividades y responsabilidades, y a orientar nuestras decisiones y comportamientos para contribuir a una vida universitaria comprometida con la mejora de la sociedad a la que sirve.