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Entrevista a Pascual Rivas (Cursos de Verano de Cádiz)

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CAMBIOS CLIMÁTICOS A ESCALA GEOLÓGICA.

pascual rivas

PROF. Dr. PASCUAL RIVAS CARRERA. CATEDRÁTICO DE PALEONTOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA. DIRECTOR DEL CENTRO ANDALUZ DE MEDIO AMBIENTE.

Participante en el Seminario Paleoclimatología.
14/07/08.





1. Su conferencia tiene por título, Cambios Climáticos a escala geológica. ¿Cuál es la idea central que pretende plasmarnos en ella?

La primera idea es establecer de alguna manera, que el clima de la tierra es un invento de la tierra.
Que el clima de la tierra tenga un transcurso más o menos estable a lo largo del tiempo es consecuencia de la vida. La vida es la causante de que hace cuatro mil millones de años comenzará una tierra con un clima que ha ido evolucionando hasta llegar al clima actual. Por lo menos en los últimos mil millones de años, el clima de esta tierra ha sido más o menos igual dentro de los parámetros que conocemos entre una glaciación y la época en que estamos, considerando además que estamos en una de las épocas más frías de la historia de la tierra glacial y no glacial. Entonces se trata de ver la implicación de la tierra, de la biosfera en todo esto.

La segunda idea es que la mayor parte de los cambios profundos, extremos, son estudios de la tierra ligados a la geología. No están ligados a la acción humana, lo están fundamentalmente a los cambios en tierras y mares, a los cambios de los continentes, a la aparición de los grandes continentes en el sur. Sólo un caso, un incidente importante, estuvo ligado a la aparición de las plantas de los continentes. A partir de ellas disminuyó la partida de CO2 dando lugar a un enfriamiento. El resto de las glaciaciones incluso las actuales, están ligadas a fenómenos de la tierra, a fenómenos de cambios de tierras y mares. Ante el sol que nos da energía, el que la distribuye son procesos de cambio.

En tercer lugar, destacar que ha habido fenómenos de la tierra que han alterado el clima de manera puntual y luego se ha recuperado, como puede ser la aparición de las sabanas.

Por tanto la idea es enmarcar los grandes cambios que nos estamos encontrando en la actualidad y determinar por qué son importantes esos cambios. Porque precisamente ahora somos siete mil millones de hombres a los que hay que dar de comer y cuando los hombres no tienen que comer hacen guerras.
Hemos de entender, entonces, el cambio climático como un fenómeno social, y sobre todo como un fenómeno de paz, de solidaridad. Date cuenta de que si fuéramos un millón nada más las cosas serían distintas. Por ejemplo, en tiempos en que la tierra estaba habitada sólo por un millón de personas subió el nivel del mar 140 metros y no pasó nada; ahora sin embargo quedaría inundada buena parte del espacio habitado por el hombre.


2. En relación a los Cursos de Verano de la UCA, cursos de verano en general desde el ámbito universitario, ¿qué le parece la posibilidad de contar con un marco de formación complementario durante el período vacacional abierto a todos.

Tengo dos opiniones, las dos positivas pero de distinta índole.
Una se centra en la eficacia del sistema, que parece la menos importante, pero formalmente tiene muchísimo peso. Aquí pagamos doce meses, o sea que tenemos que trabajar doce meses. Los profesores estamos en la universidad once meses, no seis ni ocho y no sólo enseñamos, sino que hacemos investigación y tenemos conocimientos especializados que no se expresan en un primer o segundo ciclo.
Después pues nosotros pagamos los impuestos, hay que mantener los edificios doce meses. Revitalizar cualquier tipo de estructura el máximo de tiempo es siempre eficaz y los cursos ayudan a ello.

Por otro lado, la docencia reglada a nivel universitario va más allá, y tenemos casos tan diversos y dinámicos como la universidad para mayores, que además funciona muy bien. Los cursos aportan una formación complementaria, y ya no sólo formación, sino convivencia complementaria; gente de esta y otras universidades en una gran convivencia. Es la esencia de la Menéndez Pelayo, punto de partida de los cursos. Aunque ahora parece menos importante que entonces, pero continúa siendo importante: primero aprender cosas diferentes de las que se aprenden normalmente en clases; y luego estar con otros profesores, escucharlos y convivir con otros estudiantes.

Por tanto hay dos partes que me resultan fundamentales: eficacia económica y eficacia social con trasfondo educativo.

3. ¿Cuál sería su curso de verano ideal?

Yo soy provocativo por naturaleza, me gusta provocar y en la actualidad un curso de verano ideal sería un curso de crítica a la ciencia actual. La difusión científica es muy importante, lo es cada día más, pero eso también trae como consecuencia una “banalización de la ciencia”, digamos una discusión general de la ciencia que envuelve a la ciencia en esa forma de pensamiento haciendo que unas formas de trabajo sean favoritas con respecto de otras. Hemos de atender a las formas de pensamiento políticamente correctas pero también a las incorrectas en la ciencia como consecuencia de esa ley de vida.
Se podría plantear por tanto una discusión seria sobre el cambio climático, sobre cómo hacer educación, sobre urbanismo la energía… (pero seria).
Eso me parece fundamental, no repetir y repetir lo políticamente correcto, sino discutir seriamente, escuchar voces críticas.
Y también discutir sobre política. Se han perdido, sobre todo ante el hecho de que somos políticamente correctos, los cursos de verano políticamente incorrectos sobre política, donde los políticos y los contrarios a la política discutan sobre distintos temas. Eso ya no existe; los grandes pensadores no van a los cursos a discutir las ideas políticas que parecen correctas, ya sean sobre la educación, sobre la igualdad y tantos otros temas que damos por hecho. Quedan muchas cosas atrás: el feminismo por ejemplo, lo hemos adoptado, pero porque sí; el pacifismo, la solidaridad… y todo ello sin discutirlo.

Eso sería para mí un curso ideal, coger los temas más candentes, los claves, y discutirlos con seriedad.



4. ¿Qué bagaje le queda en cuanto a su experiencia como Rector de la Universidad de Granada, tratándose además de uno de los referentes en el estudio superior?

Queda una parte digamos muy positiva, teniendo en cuenta lo difícil que es dirigir una Institución que uno quiere profundamente, incluso hasta más.
Uno no acepta tal función, a menos que tengas algo que decir, o consideres que tienes algo que hacer. Mi época de Rector fue para mi muy importante, en una de las Universidades, además, más docentes e investigadoras de las que tenemos. El bagaje es bueno, junto a la aparición del campo tecnológico y sus muchas novedades.
Para mí, ha sido fundamental sobre todo el área de investigación. Sólo alguien que investiga puede ser un buen docente, se diga lo que se diga. La Universidad no es una academia, la Universidad es la Universidad y tiene que hacerse con investigadores.
Este puedo decir, es mi bagaje principal. Además tiene como consecuencia que uno se encuentra acogido en general por los compañeros/as. Siempre los Rectores se quejan de que no son queridos, pero yo sí me he sentido muy querido, máxime cuando me retiré por enfermedad, no por otro motivo.
Ha sido como un premio ejercer dicha labor.

También he aprendido, y quizá sea lo más importante, que era posible lo que no era posible. No es lo mismo ver las cosas desde una u otra perspectiva. Hay muchas cosas que a uno le parecen posibles pero el ritmo al que uno piensa no es el rimo al que uno va, el ritmo real.
Cómo trabajar con la gente, conseguir y proyectar iniciativas…Para todo eso se necesita de una gran inteligencia emocional que haga posible dichas cosas, frente a la inteligencia de la razón, no siempre buena consejera en el desempeño de tales funciones. Yo aprendí a respetar mucho eso, junto al esfuerzo y voluntariedad, al tiempo que me respetaba a mí mismo, teniendo en cuenta mi escasa inteligencia emocional; soy muy radical y también he tenido que aprender y adaptarme.



Volviendo al tema central de la charla y en cuanto a su campo de estudio e investigación:
5. ¿Puede explicarse a través de la naturaleza y su propia historia lo que tenemos hoy, la configuración de nuestros espacios naturales?

Los espacios naturales son los resultados del hambre. Son los espacios que el hombre no ha podido transformar o que ha transformado relativamente poco como para que no parezcan naturales. No hay ninguno que lo sea puramente, pero parece que no están muy cambiados.
Cuando el hombre no ha sido capaz de transformarlo todo y de destrozarlo todo, o hacerlo de acuerdo a sus necesidades, eso es un paraje natural. El que se conserva, o aquel en el la naturaleza es tan recalcitrante que se ha mantenido a pesar de las acciones del hombre; o bien aquellos en los que este ha vivido soportando el hambre, las inclemencias de la vida y el tiempo, aprovechando el entorno en lo básico. Naturalmente son las zonas más pobres, y esa precisamente ha sido su salvación; gracias a ello se han podido mantener.

Hoy un espacio natural no se puede hacer en una Campiña de Córdoba por ejemplo, hay demasiadas hectáreas en juego. En el caso del Pinsapar es más espiritual, nadie te va “a matar” por el pinsapar, se van a adaptar a vivir así, e incluso, como ha sucedido con Grazalema, estarán agradecidos de que ese sea un paraje natural porque será una nueva forma de vida.

Por otro lado, nuestros parajes naturales son como los escenarios representativos de los ecosistemas más importantes de Andalucía: el Pinsapar, la alta montaña de Sierra Nevada, Cazorla, zonas de pinares desde Despeñaperros hasta la Sierra norte de Sevilla o Huelva…Representan lo más característico de nuestros ecosistemas.
Tenemos una buena representación de riqueza vegetal, pero faltan algunos escenarios: las llanuras antiguas, los terrenos macizos, y una representación de los desiertos como parques naturales. Lo que se ha representado tiene demasiado verde, pero qué pasa con el desierto natural. Los desiertos del sur merecen ser protegidos, más si cabe de lo que lo son actualmente: el reconocimiento de la belleza del desierto.
Hay muchos alemanes que vienen todavía al sur, para ver los desiertos de Tabernas, desiertos de Sorba y otras zonas del sur de España, porque atraen, lo mismo que hay españoles que van al Sáhara a ver el Sáhara.
Los desiertos son paisajes naturales también.

Andalucía además ha hecho uso del modelo de los parajes naturales y lo está llevando adelante contra viento y marea. En pocos años ha presentado grandes zonas de espacio protegido, casi más del 20% del territorio, que además cuentan con un 20% más de producción; son zonas de desarrollo que crecen más rápido que las zonas que no son parques, lo cual es muy importante.

6. ¿Qué papel podemos desempeñar en cuanto a los cambios climáticos y la conversación del medio ambiente? ¿Qué grado de responsabilidad tenemos en los problemas con los que contamos a nivel natural?

Vamos a sufrir las consecuencias del cambio climático aunque no seamos tan responsables de él.
Yo pienso que hemos de tener un papel muy claro atendiendo a la siguiente frase: “la mejor energía es la que no se consume”. Por tanto hemos de gastar lo que necesitamos gastar, no más, haciéndolo con inteligencia. Tenemos que ahorrar energía y cada día saber más sobre las consecuencias del cambio climático. Hay que tener en cuenta que las consecuencias del cambio climático las sufre la sociedad, no las empresas; las sufre el pobre que va a tener que pagar más caros los alimentos o comprar más cara su energía. Hay gente que consume, y si puede pagarla que la pague, pero también hay gente que consume poco y no puede pagar ese poco; ayudemos precisamente a esas personas, no ayudemos a la empresa a que no pierda dinero. La empresa que cobre lo que tenga que cobrar y nosotros ahorraremos lo que tengamos que ahorrar.
Yo creo que lo importante es, por un lado, aprender a ahorrar, y por otro, pensar que el cambio climático es un problema social, no exclusivamente económico. Es económico y social, por eso hemos de ayudar a la sociedad.
Este sería, sin duda, un avance importante en la lucha contra el cambio climático.




Entrevista realizada por: Inma Raquel Benítez Conejero.


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