Presentación del proyecto
Los marroquíes constituyen el colectivo de inmigrantes más antiguo y numeroso de todos los que se encuentran asentados en Andalucía. A pesar de que la presencia de inmigrantes marroquíes en nuestra comunidad se remonta a finales de los años sesenta del pasado siglo, su asentamiento en el territorio andaluz empezó a hacerse especialmente evidente a principios de los años noventa, tras la denominada “tercera oleada de inmigración marroquí” (Cazorla y Montabes, 1996:112). Desde entonces, su número no ha dejado de crecer. Así, de acuerdo con los datos proporcionados por el Atlas de
Así, dado que el paso del tiempo “anuda redes, propicia llamadas y genera asentamiento” (Izquierdo, 2004: 112), los inmigrantes marroquíes presentan un elevado nivel de arraigo, cuya manifestación más evidente es la existencia en Andalucía de una segunda generación de ciudadanos de origen marroquí que no deja de aumentar. García y Díaz (2004: 228) han señalado que, si bien la tendencia hacia un proyecto migratorio de carácter familiar entre los marroquíes se advierte ya desde los años ochenta del pasado siglo, es a principios de los noventa cuando la reagrupación familiar adquiere verdadero protagonismo. Casi una década más tarde, uno de los efectos de dicha reagrupación, la feminización de la colonia, se evidenciará a través del incremento del volumen de nacimientos. Hay, además, otros indicadores que apuntan en la misma dirección, como el hecho de que la proporción de marroquíes que poseen la nacionalidad española, permiso de residencia permanente o vivienda en propiedad –factores que reflejan años de permanencia y voluntad de quedarse- es muy superior a la de cualquier otro colectivo de inmigrantes. La voluntad de arraigo de este colectivo queda confirmada, además, por los resultados de distintas investigaciones que ponen de manifiesto que, actualmente, la idea del retorno no forma parte del universo mental de la mayoría de los inmigrantes marroquíes (Martín, 2004: 354). Debemos asumir, por tanto, que muchos de los inmigrantes de origen marroquí que residen en Andalucía pretenden permanecer aquí, formando parte de nuestra sociedad como nuevos ciudadanos.
Sin embargo, pese a su voluntad de permanencia, la plena integración social de los marroquíes en nuestra comunidad se ve condicionada, de acuerdo con distintas investigaciones, por la mala imagen y el rechazo que suscitan entre la población autóctona. Los marroquíes son, en términos generales, el colectivo de inmigrantes peor considerado por los andaluces (Rinken y Pérez Yruela, 2007). En este aspecto, factores como el arraigo mostrado por este colectivo y su elevado número juegan en su contra, ya que propician un incremento de su visibilidad. El conocimiento de la legislación y de las normas que rigen las relaciones sociales en nuestro país les lleva, además, a reivindicar sus derechos en mayor medida que otros colectivos de inmigrantes, lo que convierte a los marroquíes, según diferentes autores (Martín y Castaño, 2004: 237; Martín, 2004: 354; Izquierdo, 2004: 112) en blanco de las reacciones xenófobas de la población autóctona. Los prejuicios históricos, de una parte, y la tendencia generalizada a la exacerbación de las diferencias lingüísticas, culturales y religiosas, que termina por hacerlas parecer insalvables, de otra, completarían la explicación del especial rechazo que muestra la población autóctona hacia los inmigrantes marroquíes.
Es en este contexto de arraigo social, de una parte, y de rechazo por parte de la población autóctona, de otra, en el que se está produciendo el proceso de integración de la denominada “segunda generación” de inmigrantes marroquíes en Andalucía. Precisamente, el objetivo general de esta investigación es dar cuenta de si realmente se da, en qué consiste y cómo se está produciendo esta integración, la cual constituye un gran reto no sólo para los inmigrantes marroquíes y sus hijos sino también, y sobre todo, para la sociedad andaluza en su conjunto.
Un paso previo necesario para alcanzar este objetivo es el de determinar a quienes nos referimos cuando hablamos de la “segunda generación de inmigrantes” marroquíes, ya que se trata de una expresión que, de acuerdo con numerosos investigadores, no solo peca de imprecisa sino que, además, es objeto de numerosos debates y controversias. Así, por una parte, se afirma que el considerar como “segunda generación de inmigrantes” a los hijos de los marroquíes supone exagerar y eternizar la ascendencia extranjera de los padres (Giménez, 2004). Desde esta perspectiva, se asume que los hijos de los inmigrantes heredan la condición de sus padres y todo lo que ésta conlleva, independientemente de que personalmente hayan migrado o no (García 2004), acentuando de esta manera su posible “hecho diferencial”. Esto no sólo supone una atribución errónea de ciertos rasgos supuestamente hereditarios a este colectivo sino que, sobre todo, les atribuye una identidad estigmatizante al considerarles como un grupo social estable, distinto de los autóctonos e inferior a ellos.
Por otra parte, se argumenta que la amplitud de situaciones que tienen cabida en lo que se ha denominado “segunda generación de inmigrantes” dificulta su caracterización. Así, si bien la mayoría de los investigadores están de acuerdo en considerar como integrantes de esta categoría a lo que se considera segunda generación pura (o generación 2), es decir, a los hijos de los inmigrantes marroquíes que han nacido en España, no existe tanto consenso a la hora de determinar si se incluye también a la denominada generación 1,5, es decir, a los hijos que de inmigrantes que han nacido en Marruecos pero han llegado a España por reagrupación familiar antes de iniciar su socialización escolar o, en cualquier caso, antes de los doce años. Es decir que, de acuerdo con la literatura existente, la segunda generación bien puede haber nacido en España o bien en Marruecos, bien puede tener ya la nacionalidad española o bien mantener la de su país de procedencia; bien pueden ser sus dos progenitores inmigrantes, bien sólo uno de ellos, pudiendo además sus progenitores tener nacionalidad española o no.
Conscientes de la controversia que suscita esta expresión, nosotros la utilizaremos en un sentido amplio. Así, incluiremos en la categoría “segunda generación de inmigrantes” marroquíes tanto a los hijos de estos inmigrantes nacidos en España como a aquellos menores y adolescentes que han llegado mediante la reagrupación familiar. Además, considerando que sus características y experiencias de integración son muy similares a las de los casos anteriores, incluiremos en el análisis a los hijos menores de marroquíes que, habiendo nacido en el país de origen de sus padres, han protagonizado con ellos el proceso migratorio, por lo que podría entenderse en sentido estricto que son inmigrantes de primera generación.
Dedicaremos la primera parte del informe a exponer el resultado del análisis cuantitativo del volumen y distribución de los niños y jóvenes de origen marroquí en Andalucía a partir de fuentes secundarias como la explotación estadística del Padrón que realiza el INE o los datos de escolarización proporcionados por

