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Opiniones y Actitudes de la Población Autóctona frente al Fenómeno de la Inmigración

 

Para que el proceso de convivencia se pueda realizar en las mejores condiciones es fundamental conocer las actitudes, opiniones e incluso el comportamiento de los españoles hacia los inmigrantes y también de ellos mismos, como protagonistas que son de su propia integración. (Díez Nicolás, J., 2004).

 

 

Primeras Encuestas
 
En 1988 se realizó la primera encuesta europea sobre la actitud de los ciudadanos de la Comunidad Europea ante los problemas de racismo, intolerancia y xenofobia que dio lugar al informe sobre Racismo, xenofobia e intolerancia. Derechos humanos e inmigración en la C.E. Desde entonces el Parlamento Europeo ha realizado periódicamente encuestas europeas sobre racismo y xenofobia en el marco general de los eurobarómetros [1991 (Eurobarómetro 35), 1992 (E. 37), 1993 (E. 39) y 1995 (E. 42)] en los que se incluyen preguntas relativas a la inmigración. El Eurobarómetro 47.1 (1997) trata de manera monográfica cuestiones de racismo y xenofobia y corresponde al Año Europeo contra el Racismo. En el año 2000 se aplicó otro sondeo específico sobre actitudes ante las minorías étnicas (Eurobarómetro 53) cuyo informe redactó la empresa SORA en 2001 clasificando cuatro tipos de actitud ante las minorías étnicas: intolerante, ambivalente, pasivamente tolerante y activamente tolerante, y la distribución de actitudes en cada uno de los países respecto a los cuatro tipos. España aparecía tercera, tras Suecia y Finlandia, entre los países con mayor grado de tolerancia (Colectivo Ioé, 2005: 8).

 

 

Las Encuestas en España
 
En España son muchísimos los estudios que abordan alguna de las facetas del proceso de asentamiento de inmigrantes, tanto desde la esfera pública como desde la privada. Dentro de esta línea de investigación destacan las encuestas específicas sobre “actitudes ante la inmigración”  del Centro de Investigaciones Sociológicas dependientes del Gobierno Central (CIS: 1990, 1991, 1993, 1995, 1996) y los Barómetros de Opinión de febrero de 2000, febrero de 2001, junio de 2002, mayo de 2003, mayo de 2004, abril de 2005, y  noviembre de 2005), las realizadas por el Centro de Investigaciones sobre la Realidad Social , financiado por diversas entidades bancarias (CIRES: 1991, 1992,1993,1994,1995), luego Análisis Sociológicos, Económicos y Políticos, S.A. (ASEP: 1996, 1997, 1998, 1999, 2000), las efectuadas por el Centro de Estudios sobre Migraciones y Racismo de la Universidad Complutense (CEMIRA: 1999, 1995,1997). Además, casi todas las  comunidades autónomas han realizado encuestas específicas.  En el caso de la Comunidad Autónoma Andaluza cabe resaltar el reciente  informe Opiniones y actitudes de la población andaluza ante la inmigración (OPIA), realizado por Sebastian Rinken y Manuel Pérez Yruela y que combina la realización de encuestas a la población autóctona con grupos de discusión. Contamos además con información desagregada sobre las actitudes hacia los inmigrantes en Andalucía a partir de algunos estudios nacionales con base muestral amplia (Gualda, 2000), el Barómetro del Instituto de Estudios Sociales Avanzados de Córdoba (2000, 2001, 2002, 2004) que introducen variables sobre inmigración, la encuesta específica de la Dirección General de Coordinación de Políticas Migratorias (2004) y la Encuesta Social Andaluza (2003).

 

 

Problemas de las Encuestas

 

Sin embargo, a pesar de la profusión de estudios cuantitativos, son muchos los autores  que cuestionan la adecuación entre la técnica de encuesta y el estudio de las opiniones y actitudes frente a la inmigración. Resulta difícil apreciar la verdadera actitud hacia los inmigrantes mediante el método de encuestas. Las tres fuentes de problemas en los estudios tradicionales de actitudes hacia la inmigración son:

  • Problemas relativos a la definición de actitud empleada y sus consecuencias metodológicas. Según la corriente dominante en la psicosociología de las actitudes, éstas son procesos internos que residen en el individuo y a los que sólo se tiene acceso indirectamente pidiendo a las personas que expresen su actitud respecto a un objeto actitudinal, situándose en escalas de medida de las mismas o respondiendo a encuestas con respuestas estandarizadas. Por ello, las encuestas de opinión y escalas de actitudes dependen de factores tales como la sinceridad, la información y capacidad de introspección, la comprensión de las preguntas, etc. (Gimeno Giménez, 2001: 13).
  • Problemas del objeto de estudio: tales como la transformación de las expresiones de racismo (desde el racismo tradicional al racismo sutil), el proceso de mutación de los discursos socialmente aceptables entre las capas medias de la sociedad (Gimeno Giménez, 2001: 14). Según Izquierdo, el actual formato de las encuestas no alcanza a poner en evidencia las diversas expresiones racistas o xenófobas que cada clase social genera y oculta en entrevistas (Izquierdo, 1996: 154). Tal vez, el hecho de que las clases medias se sienten menos amenazadas frente al fenómeno de la inmigración (en el mercado laboral, frente a la utilización de recursos escasos) hace que también su actitud hacia los inmigrantes sea más favorable.
  • Concentración geográfica de los inmigrantes en España. Tal como vimos en el epígrafe anterior, la inmigración no se reparte de forma homogénea en el territorio nacional, sino que está muy concentrada en determinadas zonas, y dentro de estas zonas, en determinados municipios o barrios. En las encuestas a muestras de toda la población española pesa lo mismo la opinión de un encuestado proveniente de una zona de alta densidad de inmigración, como la de un encuestado que viva en una zona como Extremadura dónde la población inmigrante apenas llega al 0,7%. Esto hace que ante una misma pregunta referida a la inmigración los encuestados estén entendiendo cosas diferentes. Según González Enríquez, la inmigración debería tratarse en los estudios de opinión pública de forma segmentada por territorios en función de la densidad de inmigrantes en cada uno de ellos (González Enríquez, 2003). Sin embargo, este re-equilibrio, haría que los resultados fuesen difícilmente comparables.

 

A pesar de sus limitaciones, las encuestas permiten obtener información comparable, aunque superficial, de un número muy grande individuos. Aunque subestimen el grado de rechazo de los españoles ante la inmigración, las encuestas nos permiten ver cómo han evolucionado las opiniones y actitudes de los españoles, y cómo han ido cambiando las bases del rechazo. Además, su análisis se torna de vital importancia dado que las propias encuestas pueden jugar un papel en la determinación de políticas nacionales sobre inmigración, y dada la repercusión que tienen sus resultados en los medios de comunicación de masas.

 

 

Ejes Temáticos de las Encuestas (Fuente: Blanco (2000). Elaboración propia)

 

1. Valoración de diferentes grupos de extranjeros


2. Actitudes generales hacia la inmigración:


3. Percepción del volumen de inmigrantes

  • Efectos de la inmigración sobre nuestra cultura y economía
  • Comprensión de la motivación para la inmigración
  • Preferencias por tipo de asentamiento (temporal/permanente)
  • Criterios para el establecimiento de cuotas
  • Actitudes básicas sobre los derechos de los inmigrantes

4. Evaluación de la inmigración procedente de países en vías de desarrollo:

  • Limitación de su entrada
  • Favorecer integración/regreso
  • Problemática de integración de grupos específicos
  • Influencia de estos inmigrantes sobre: el paro, salarios y delincuencia
  • Tipos de ayuda que debería prestar el Estado a estos grupos
  • Comparación con inmigrantes procedentes de países desarrollados
  • Percepción de los grupo más beneficiados/perjudicados por este tipo de inmigración

5. Relación personal con inmigrantes procedentes de países en vías de desarrollo:

  • Grado de contacto: conversaciones, parentesco, amistad, relación laboral, vecindad

6. Evaluación de la inmigración procedente de países desarrollados:

  • Actitudes a favor de esta inmigración
  • Percepción de su volumen
  • Preferencias para su integración por grupos específicos
  • Influencia beneficiosa/perjudicial sobre: el paro y los salarios

7. Emigración de españoles a otros países:

  • Experiencia de aquellos que han trabajado fuera de España durante más de un año

8. Actitudes básicas hacia Europa

 

 

Resultados de las Encuestas

  

OPIA

 

Los resultados de la investigación OPIA revelan un amplio respaldo de la ciudadanía a la plena participación social de los inmigrantes asentados en Andalucía, constatándose un consenso abrumador respecto de la incorporación a los sistemas públicos de salud y educación, así como del reconocimiento de derechos laborales y – en medida algo menor – también políticos de los inmigrantes. De forma indirecta, el respaldo a la integración social se expresa también en la distinción entre inmigrantes asentados e itinerantes. Mientras que la presencia de estos últimos es percibida muchas veces como problemática, los inmigrantes asentados de manera estable se convierten en general en – y son percibidos como – vecinos como todos los demás. De esta manera, el asentamiento duradero en igualdad de condiciones es percibido como precondición imprescindible para que los inmigrantes puedan convertirse en co-ciudadanos normales.

 

Como una especie de contrapartida a su disponibilidad para aceptar la integración de los inmigrantes en igualdad de condiciones, los andaluces autóctonos les exigen la adaptación a determinadas costumbres establecidas en la sociedad de acogida. Con relación a este tema, surgen referencias a tres cuestiones específicas: (a) el respeto de la ley, que ha de ser igual para todos; (b) la “buena educación” cívica, que ha de ser también de validez general; y (c) la propia constitución igualitaria, democrática y pluralista de la sociedad. Existe un consenso muy amplio con relación a dos de las tres significaciones, en el sentido de que el respeto de la ley y de las normas de buena vecindad ha de ser universal, mientras que existe disenso respecto de la tercera significación, relativo esencialmente a la compatibilidad de la cultura musulmana con los principios básicos de la sociedad occidental contemporánea, destacando entre éstos la igualdad de género.

 

Acerca de los efectos que tiene la inmigración para Andalucía, alrededor del 70% de los encuestados sabe señalar espontáneamente algún efecto positivo. De entre estas indicaciones, destacan las relacionadas con el mercado laboral (“mano de obra necesaria” y parecidas), con un 44%; le siguen a mucha distancia el enriquecimiento cultural, el crecimiento económico, el aumento de la natalidad y las aportaciones a la Seguridad Social. En cuanto a la percepción de efectos negativos del fenómeno migratorio, se mencionan, por orden de frecuencia, la inseguridad ciudadana (37,1%), la competencia laboral (18,4%), las dificultades de regulación de los flujos migratorios (“llegan sin papeles” y parecidas, con un 16,7%) y el volumen de estos flujos (“hay demasiados”, con un 11,2%).

 

En aquellas zonas de Andalucía en las que reside una proporción relativamente elevada de personas inmigradas (escenario de realización, como apuntábamos, del estudio OPIA), la opinión pública se encuentra dividida entre valoraciones positivas y negativas de los efectos de la inmigración, imponiéndose sin embargo por mayoría relativa las primeras sobre las segundas. Se trata de un hallazgo importante, sobre todo si consideramos que en otras encuestas, realizadas a la población de toda Andalucía, se ha descrito un predominio relativo de las valoraciones negativas sobre las positivas. Por tanto, la opinión pública en zonas con bastante o mucha presencia de inmigrantes resulta ser más favorable de lo que cabía esperar a raíz de otros estudios disponibles.

 

La diferenciación interna de la muestra OPIA por nivel de presencia de inmigrantes (moderada o alta, según el caso) genera un grado de variación relativamente reducido de los resultados, con diferencias de hasta unos 5 puntos porcentuales, mientras que existen diferencias claramente mayores, de hasta 25 o 30 puntos porcentuales, en función de variables independientes como edad, nivel de estudios o ideología política. Constatamos por tanto una incipiente polarización de las posturas ante el fenómeno migratoria a raíz no ya de variables territoriales, sino esencialmente de situaciones y características individuales.

 

Dicha polarización se plasma en cuatro actitudes distintas, identificadas con el llamado “análisis de componentes principales”:

  • La actitud funcionalista (32%) articula una opinión favorable del fenómeno migratorio sobre la base de una apreciación positiva de su aportación de mano de obra necesaria.
  • La actitud desconfiada (31%) muestra reticencias hacia el fenómeno migratorio, tanto en el ámbito económico-laboral como en el cultural, pero respalda de manera inequívoca la integración social de los inmigrantes asentados.
  • La actitud solidaria (20%) apoya de manera prácticamente incondicional la llegada y posterior integración social de los inmigrantes, al considerar que su presencia genera un enriquecimiento cultural para la sociedad andaluza.
  • Finalmente, la actitud excluyente (17%) se desmarca de todas las demás, llevando el ensimismamiento hostil hasta el extremo de negar a los inmigrantes los derechos de participación en la sociedad de acogida.

 

En resumidas cuentas, el campo discursivo sobre la inmigración está constituido por los binomios utilidad-agravio, adaptación-diversidad e integración-exclusión. En este contexto, para fortalecer el respaldo ciudadano a la plena integración social de los inmigrantes, consideramos importante destacar que la diversidad cultural encuentra su límite y cauce, lógicamente, en los valores y normas básicas de la sociedad de acogida, al tiempo que éstos garantizan, precisamente, un amplio abanico de libertades relacionadas con la práctica de la diversidad cultural.

  

CIS

 

Por otra parte, las encuestas del CIS nos ofrecen una visión de la opinión pública que es todavía más positiva que negativa. Los resultados revelan dos etapas bien diferenciadas en las opiniones y actitudes de los españoles hacia los inmigrantes: la primera que va desde 1990 hasta su punto álgido en 2001 y está caracterizada por la progresiva aceptación del fenómeno inmigratorio que, y la segunda, desde 2001 hasta la actualidad,  que constituye la etapa de descenso continuado en las opiniones favorables. Para casi el 30% de la población española la inmigración aparece como el segundo problema más importante para España , por detrás solo del paro. Cuando la pregunta alude a los problemas que afectan a los encuestados a título individual, la inmigración pasa a ocupar un quinto lugar en nuestra lista de preocupaciones. El rechazo hacia los inmigrantes se plasma en los resultados de las diversas encuestas a través de la valoración mayoritaria que expresa que los inmigrantes ya son demasiados, en la asociación entre inmigración y delincuencia que se manifiesta, en el descenso del grado de simpatía que merece cualquier tipo de extranjero y en el aumento en más de veinte puntos de aquellos que consideran que las normas que regulan los flujos migratorios son “más bien” o “demasiado” tolerantes.

 

Este descenso en la valoración que hacemos de la inmigración, no se debe exclusivamente a la competencia laboral entre españoles y extranjeros. A pesar de que el número de inmigrantes se ha incrementado drásticamente y que los que llevan más tiempo asentados en España han experimentado un progresivo afianzamiento en el mercado de trabajo, los inmigrantes son vistos como posible competencia únicamente por los trabajadores de escasa o nula cualificación. Otros factores explicativos más importantes son la peligrosa asociación que se hace entre inmigración e inseguridad ciudadana y una posible recesión económica.

 

La siguiente tabla muestra el orden de preferencias con respecto a los diversos grupos de extranjeros que se han asentado en España. Este ranking ha permanecido básicamente inalterado desde 1996; expresamos sentir mayor simpatía hacia europeos occidentales y latinoamericanos mientras que los norteafricanos (marroquíes concretamente) son el colectivo que menor simpatía despierta entre los encuestados. Entre 1996 y 2003 todos los colectivos pierden estima social, aunque no todos lo hacen de igual manera. Los europeos occidentales pierden un casi imperceptible 0,1 en la escala de simpatía mientras que los europeos del este pierden 1 punto entero y los marroquíes pierden 0,8, sin duda debido al inexorable nexo que se hace en los medios de comunicación entre la inmigración de estos países y las bandas criminales organizadas.

 

ESCALA DE SIMPATÍA QUE SIENTE POR PERSONAS DE DIFERENTES PAÍSES. Años 2000, 2001, 2002, 2003. (Medias en una escala de 0- ninguna simpatía a 10- máxima simpatía)

 Procedencia

1996 

2000 

2001 

2002 

2003 

 Europeos occidentales y de la Unión Europea

 7,2

7,2 

7,1 

6,7 

7,1 

 Latinoamericanos

 7,2

7,1 

7,1 

6,5 

6,6 

 Portugueses

 6,7

6,7 

6,7 

6,2 

6,5 

 Africanos (resto del continente)

 6,3

6,4 

6,3 

5,5 

5,9 

 Asiáticos*

 6,4

--- 

6,4 

5,6 

5,9 

 Rusos y CEI (Antigua Unión Soviética)*

 6,6

--- 

6,3 

5,7 

5,9 

 Filipinos

 6,5

--- 

6,4 

5,6 

5,9 

 Europeos del Este

 6,8

6,6 

6,5 

5,7 

5,8 

 Norteamericanos

 6,2

--- 

6,1 

5,5 

5,5 

 Norteafricanos (marroquíes, etc.)

 6,1

6,0 

5,9 

4,9 

5,3 

Fuente: CIS, estudios 2214, 2383, 2409, 2459 y 2511. Elaboración propia.

 

La encuesta del CIS (estudio núm. 1841) realizada en  octubre de 1989 señalaba que los encuestados opinaban que la población de origen árabe era “atrasada, cruel y gandula” y que no era “ni honrada, ni fiable”. Esta misma encuesta, sin embargo, estimaba que los inmigrantes subsaharianos eran percibidos más positivamente por la población española, que consideraba que eran “atrasados” aunque “trabajadores”, y que no eran “soberbios, tacaños ni malgastadores”.

 

La competencia por recursos sociales que se consideran escasos como vivienda, cuidados sanitarios, o la percepción de la sobrecarga que existe en las zonas donde se concentran los inmigrantes es otro de los factores que propicia un aumento del rechazo. En estas zonas de concentración los españoles empiezan a mostrar menor voluntad para la convivencia, aunque esto no quede adecuadamente plasmado en las encuestas.

 

En este sentido, cabe señalar que la aceptación del la inmigración en España se ha basado hasta ahora en su utilidad económica para los autóctonos y no en el reconocimiento del derecho al proyecto vital de los extranjeros que se asientan en nuestro país. Prueba de esto es la reticencia a reconocer determinados derechos políticos. Es decir, admitimos a los inmigrantes como trabajadores, una suerte de los gastarbeiters que una vez fuimos, pero no como iguales. Así,  estamos dispuestos a reconocer y defender sus derechos laborales, pero mucho menos dispuestos a reconocer sus derechos de ciudadanía. Lo peligroso de esta situación es la fragilidad que conlleva el basar la convivencia exclusivamente sobre criterios económicos. En el momento en que empeore la situación económica, empeorarán  exponencialmente las actitudes y opiniones ante los inmigrantes. Las bases para una convivencia deberían forjarse sobre el reconocimiento de los derechos intrínsecos de ciudadanía. Obviamente, la experiencia de la inmigración no se vive de igual manera a título individual que a título colectivo, mediado por las imágenes y representaciones procedentes, no de la experiencia directa, sino del imaginario colectivo.


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