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Estereotipos más Frecuentemente Detectados Relativos a los Inmigrantes Marroquíes en Andalucía

 

 

En nuestra revisión de la literatura existente encontramos abundante material relativo a las opiniones y actitudes de los andaluces frente al fenómeno de la inmigración (Rinken y Pérez Yruela, Encuesta Social Andaluza, Gualda, etc.).  Estos estudios realizados mayoritariamente mediante técnicas cuantitativas tienden a recoger la información relativa a los inmigrantes como perteneciendo a un colectivo unitario, sin desglosar las posibles diferencias en actitudes que se puedan dar según sea el país de origen de los inmigrantes. Tampoco es su objetivo el recopilar información específica sobre los estereotipos que sostienen los andaluces en relación a los inmigrantes en general, y al colectivo marroquí en particular. La información obtenida a partir de esta revisión de la literatura no ha puesto de manifiesto ninguna diferencia significativa en relación a los estereotipos manifestados en estudios nacionales, por lo tanto, y dada la mencionada escasez de fuentes específicas sobre estereotipos y su unicidad, hemos optado por utilizar cualquier fuente que mencionara específicamente estereotipos sobre los inmigrantes marroquíes independientemente del ámbito territorial del estudio.

 

A pesar de ser el colectivo con mayor tradición de asentamiento en España, es también el colectivo inmigrante que se ha convertido en “el otro más significativo”, y el más rechazado por la sociedad española. Debemos resaltar que en nuestra revisión bibliográfica no hemos encontrado ni una sola mención a cualidades positivas o estereotipos positivos relativos a los inmigrantes marroquíes, por superficial que esta fuera. Esto puede deberse bien a un sesgo por parte de los investigadores que obvian este tipo de información, o bien a esa forma sutil y especialmente arraigada de prejuicio: el no reconocimiento de cualidades positivas en el exogrupo. No es sólo que se adscriba al colectivo marroquí toda una serie de características negativas como las de conflictividad o misoginia, sino que no se aprecia ninguna virtud. Es más, características que en nuestros conciudadanos señalamos como positivas, tales como el apego a la familia, adquieren connotaciones negativas cuando se refieren a los inmigrantes marroquíes. Esta percepción negativa dominante procede de los siguientes muy extendidos estereotipos y prejuicios:

 

1. Tendencia a percibir a los individuos del mismo grupo social como muy iguales entre sí y a percibir a personas pertenecientes a distintos grupos como muy diferentes (Ashton y Essen, 1999). Diversas investigaciones demuestran que existe una tendencia generalizada a percibir homogeneidad en el exogrupo (Ostrom y Sedikides, 1992) y heterogeneidad en el endogrupo, aunque en el caso de que el endogrupo constituya una minoría, lo contrario puede ser cierto (Simon y Hamilton, 1994). En el curso de la investigación que nos ocupa, el primer estereotipo que debemos abordar es, precisamente, el que alude a una supuesta homogeneidad de la población marroquí asentada en Andalucía. A pesar de que la población marroquí presenta un perfil sociodemográfico cada vez más variado: representativo de los dos sexos, con estados civiles diversos e incluso con categorías socio-culturales y profesionales más variadas (estudiantes, investigadores, técnicos, trabajadores de la construcción...), los marroquíes son vistos por la población autóctona como formando un colectivo homogéneo con una forma de vida global y común considerada muy diferenciada sino antitética a nuestra forma de vida.

 

2. La población autóctona tiende a construir la identidad marroquí en base a una imagen estigmatizada de la religión que algunos de ellos profesan. El Islam aparece como el eje identitario de todos los marroquíes, resultando en diferencias ético-religiosas insalvables. De su religión se derivan toda suerte de amenazas y peligros para nuestra cultura: fanatismo religioso, terrorismo islámico, misoginia, poliginia y opresión de las mujeres, y en última instancia, la reconquista de Al-Andalus. De hecho, desde 2002, y de manera creciente, todas las mediciones sociológicas, nacionales e internacionales, muestran una actitud negativa hacia los musulmanes y una estrecha vinculación entre terrorismo e inmigración musulmana. Parece ser que en una parte de la población autóctona la práctica colectiva de la fe musulmana suscita temores con referentes históricos de siglos atrás, temores a los que se unen, en la actualidad, preocupaciones referidas al islamismo más radical. La cuestión de las mezquitas polariza a la opinión pública, suscitando en algunos una serie de temores con fuerte carga emotiva. En los grupos de discusión realizados por Rinken y Pérez Yruela (2007) se exponen una serie de imágenes e ideas tipificadas a este respecto que a continuación reproducimos:

 

«Yo prefiero que no pongan aquí mezquitas, si quieren mezquitas que las pongan en su tierra. Que se vayan allí; que quieren rezar, que recen en su casa, pero mezquitas ninguna. Mira, cuando nos demos cuenta…Nos tienen invadidos [...] Claro, como estábamos antes [...] Vamos a tener que armarnos de valor y echarlos y hacer una guerra como la otra vez cuando los mandaron a hacer puñetas [...] Entre negros, moros, peruanos y el otro y el otro y el de la moto… Estamos invadidos, pero están viniendo más, porque no dejan de llegar, no dejan de llegar. Esto parece que es una bicoca». (EA 14b, Sevilla)

 

«¿Tú sabes lo que a mí no me gusta? Las mezquitas. Porque ahí si se enseña mal a los marroquíes. Además eso se sabe, esa es una cosa que está clara. Que todo el terrorismo que hay viene de ahí, ¿para qué ponen más mezquitas aquí? ¿Para qué? ¿Para ponerlos más en contra del mundo occidental? Que no, que no las dejen. Yo en ese aspecto sí es verdad que lo prohibiría total». (EA 10, Roquetas de Mar)

 

El Islam aparece además como  un impedimento  del normal desarrollo de actividades cotidianas por sus exigentes prácticas: la obligatoriedad de rezar cinco veces al día, el periodo de Ramadán, etc.

«Claro, si ya nos ponemos en el tema religioso de que, por ejemplo, el musulmán tiene que rezar en el... en la época del Ramadán y tiene que dejar de trabajar pues... que rece a otra hora. Puede tener sus costumbres, pero siempre y cuando le permitan adaptarse. O sea, tiene que compaginar sus costumbres en relación a la forma de trabajar que tenemos aquí y de vivir y de...». (EA 4, Lepe) Rinken y Pérez Yruela (2007)

 

3. Las mujeres marroquíes son consideradas como un colectivo especialmente débil. Son sumisas y sometidas, por su religión, a los designios de los varones. Carentes de voluntad, no se les reconoce la capacidad de iniciativa de un proyecto migratorio propio, aunque sean bastante numerosos los asentamientos de mujeres solas en nuestra comunidad, como es el caso de Málaga. El velo, pañuelo o hijab es la señal de su sumisión. La tradición de que las mujeres musulmanas acudan a la vía pública sólo con el cabello cubierto es percibida como ajena a la concepción de la mujer que está vigente en la sociedad de acogida. El «velo» asume una potente carga simbólica.


«El velo en la cabeza es que eso ya... Eso es como si fuéramos un carnaval.
Taparse la cara, eso es que no debiera de existir. Porque aquí no sé, si un tío por ejemplo, te refieres a los de las túnicas, eso, anda por la calle un tío con una, un velo por la cara y la túnica, tú pensarás, una mujer que viene con la túnica, pero si no le ves la cara puede ser un hombre o, quién sabe lo que puede ser, si no le ves la cara». (EA 2, Lepe)

 

«Yo pienso que por ser niñas, no tendrían que cubrirse de los pies a la cabeza. Tienen derecho a disfrutar de lo que nosotras hemos conseguido, entiendo».
(EA 13, Sevilla, Los Bermejales)

 

«A nivel personal, como mujer, que yo me considero más progresista y demás, me parece muy mal que tengan que estar las mujeres con el tema del velo y toda la movida esa, pero si ellas lo quieren realmente…Verás, yo no me puedo meter en su cabeza». (EA 12, Sevilla) Rinken y Pérez Yruela (2007)

 

4. Los marroquíes son vistos como problemáticos y reivindicativos.  La sustitución en la provincia de Huelva de trabajadores marroquíes por trabajadoras del Este consolidó la imagen de personas conflictivas en el imaginario colectivo relativo a los marroquíes.

 

«Yo, la experiencia mía personal puedo... Así, digamos... La vida que he tenido con muchas nacionalidades... Mejor no tenerlos porque tanto los marroquíes como... Es sólo mi experiencia personal, sólo, no quiero hablar de que todos los marroquíes son malos ni nada, quizá haya personas honestas y tal, no quiero ofender pero... Muy listos, igual a los gitanos también. Siempre tienen alguna cosa, algún rollo por detrás, nunca te dicen la verdad pero siempre consiguen lo suyo y luego resulta que es al revés todo de como lo han pintado». (EI 12, Roquetas de Mar) Rinken e Pérez Yruela (2007)

 

5. Esta supuesta conflictividad no se limita sólo al ámbito de las relaciones laborales, sino que trasciende a la convivencia vecinal y a la utilización abusiva de diversos servicios como la atención sanitaria o la escuela.

«Y otra cosa, mi niña se pone mala con fiebre... Yo soy la primera que no la lleva, pero, ¿por qué me tengo que encontrar a los cuatro moritos malos con fiebre? Porque en las normas de la guardería pone que no pueden entrar los niños malos. Es que no tienen a nadie con quién quedarse... Es que yo tampoco tengo a nadie. Mira, por desgracia mi suegra se ha muerto, mi madre vive en Sevilla, mi hermana tiene su trabajo y su niña también... Yo, si estuviera trabajando y se pusiera mi niña mala tendría que dejar de ir a mi trabajo. ¿Por qué ellos tienen ayuda y yo no? Porque se han volcado completamente en lo que es aquellas personas más desfavorecidas pero aquí todavía estamos gente que no tiene muchas posibilidades». (EA 5, Lepe) Rinken y Pérez Yruela (2007)

 

6. Uno de los mitos más extendidos y arraigados en nuestra sociedad, y con consecuencias más negativas,  es el nexo que habitualmente se hace desde los medios de comunicación y desde instancias políticas, entre inmigración y delincuencia. Este discurso también ha acabado convirtiéndose en un estereotipo relativo al colectivo marroquí. Se percibe a los marroquíes como un colectivo especialmente proclive a la delincuencia y responsable parcial del aumento de la inseguridad ciudadana.

«Mira, en la zona de El Ejido es donde más marroquíes hay... En esa zona hay más marroquíes que aquí. Tú un domingo no puedes salir a pasear [...] ¡Como para bajarse a echar un paseo o entrar...! Claro, porque es entero lleno de moros. Sólo hombres. Entonces, claro, llega un momento en que [...] Es que no puedes salir a la calle. Hay zonas donde no puedes salir. Entonces tampoco es justo». (EA 10, Roquetas de Mar) Rinken e Pérez Yruela (2007)

 

7. Por todo lo expuesto anteriormente, generalmente se considera el colectivo marroquí como no asimilable, resistente a una disolución en la cultura de la sociedad de acogida, debido a la percepción de una acumulación de enormes diferencias culturales. Los marroquíes son considerados como un colectivo de imposible adaptación e integración en la sociedad española. 

«Por ejemplo si estamos hablando de inmigrantes del norte de África, como es Marruecos y los países magrebíes... Son muy cerrados y se reúnen entre ellos, hablan entre ellos pero se relacionan lo mínimo con los demás. Yo lo veo. Que les cuesta mucho trabajo abrirse a los demás porque forman su círculo, forman sus amistades... Y apenas tienen relación en lo que es... en horas fuera del trabajo con los demás. Sin embargo, hablando de los latinoamericanos... Yo creo que son gente que se dan más a nosotros porque tienen nuestra misma cultura, nuestra misma educación y... Tienen más posibilidades de convivir con nosotros y de quedarse aquí». (EA 4, Lepe) Rinken y Pérez Yruela (2007)


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