Práctica Religiosa
Como señalamos en la sección dedicada a la percepción andaluza, la mayoría de la población autóctona considera al Islam como el eje identitario de todos los marroquíes, y una parte de la misma tiene el convencimiento de que de la religión musulmana se derivan toda suerte de amenazas y peligros para nuestra cultura: fanatismo religioso, terrorismo islámico, misoginia, poliginia y opresión a las mujeres, etc. El análisis del discurso de los inmigrantes marroquíes en lo que se refiere a la práctica de la religión musulmana muestra una realidad que rompe con esta percepción generalizada. Así, en primer lugar, hemos observado que si bien es verdad que el Islam, debido a que penetra en todos o casi todos los órdenes de la vida cotidiana y de la relación social, no sólo confiere una identidad religiosa sino también identidad cultural, el factor religioso no opera necesariamente como el elemento identitario primordial entre los marroquíes asentados en Andalucía.
Por una parte, entre nuestros informantes existe una gran diversidad en cuanto a la relevancia que conceden las normas y creencias religiosas, que va desde los que se declaran practicantes, hasta los que afirman no practicar en absoluto su religión, pasando por los que lo hacen de manera intermitente. Esta diversidad no solo prueba que la religión, considerada por los autóctonos, tal como acabamos de señalar, como eje de la identidad propia de la cultura marroquí, no tiene la misma importancia para todos ellos, sino que también cuestiona la supuesta homogeneidad de este colectivo.
“Claro la religión mía, yo sí practico, soy Musulmán, hago ramadán, la fiesta del cordero, cada uno tiene que cumplir su religión” (E-3).
“No, no, de chico si porque veía que mi padre rezaba…sé como se hace, cómo se reza y eso, pero no…Un día, no sé, que necesitaba concentración y la he practicado durante tres, cuatro o cinco meses…Eso es todo. Ha sido como un ejercicio, pero no, no” (E-5).
“No, soy musulmán, pero no practicante, empecé a rezar, pero después lo he dejado, soy musulmán, pero no practicante” (E-11).
Por otra parte, algunos informantes atribuyen a sus creencias religiosas un significado cultural colectivo, que tiene el efecto de contextualizar la postura de “no practicante” entre los musulmanes. Mohamed, residente en Sevilla, lo explica así:
“Esa es de las preguntas que no es correcta para un musulmán ¿entiendes? […] porque un practicante significa alguien que va a la iglesia, que reza…yo rezo cada día, rezo el Corán, hago Ramadán, voy a Meca, pero cuando dices practicante a mi me da la impresión que estás hablando del cristianismo en la sociedad. Solo preguntaría si eres musulmán…ser musulmán no solo es rezo y eso, yo te respeto a ti, eso es Islam, si estoy estudiando para conocer, estoy haciendo el Islam…Un verdadero musulmán puede ser un hombre que se va trabajando sudando y reza solamente cuando puede, que el hombre que se queda todo el día rezando y deja su familia, eso no se ve bien porque existe el servir a la humanidad, a la sociedad, a la familia, rezando todo el día y tienes a tus hijos con hambre. ¿Ya ves por qué no es correcto decir practicante, no practicante? Musulmán es algo completo de respetar el otro, de querer al otro como quieres a tú mismo…” (E-6).
En base a este significado cultural que muchos atribuyen a su religión, consideramos que, en muchos casos, la práctica religiosa debe ser entendida más como elemento de sociabilidad y convivencia, y de reafirmación de la identidad cultural, en un contexto de adaptación a una nueva realidad en el que dicha identidad se ve cuestionada, que como verdadera y profunda implicación. No quieren renunciar a la identidad que proporciona el seguimiento de determinados ritos religiosos, a pesar de que puedan vivirlos con mayor o menor fervor. En esta línea, algunos informantes se declaran practicantes, pero al hacerlo resaltan más su participación en rituales y fiestas, como el Ramadán o la fiesta del cordero que, por ejemplo, el cumplimiento de ritos como la práctica diaria de los cinco rezos o la oración de los viernes. En cualquier caso, todos destacan que el estilo de vida dominante en la sociedad española, unido al hecho de vivir en una situación de minoría, hacen que las prácticas religiosas no puedan desarrollarse como en la sociedad de origen, donde la religión era seguida masivamente por el conjunto de la sociedad.
“Aquí en el campo donde lo compramos [el cordero], lo limpiamos, aquí para matarlo se reúne mucha gente, pero en Marruecos, cada uno en su casa, dicen unas palabras del Corán, que estaba limpio, hay gente que lo reza (…) Y luego lo trae para la casa, hace pinchito, pero como aquí que le falta la alegría de la gente, de la fiesta, el año pasado no vino nadie, el cordero lo hay pero de la alegría y eso no… Es diferente a como lo vivimos aquí que como lo vivimos allá, porque es la fiesta grande de Marruecos, allá hay alegría, la gente bailando, todo el mundo grita, se invitan entre los vecinos a comer, pero aquí se pasa muy diferente, es muy triste, estamos solos” (E-4).
“Pues lo vivo…(pausa) hombre nunca va a ser mejor que el país de origen, por ser una cultura dominante en país de origen que todo el mundo lo respeta, lo vive…lo vive. A ver ¿como te lo explico? Lo vive en su propia salsa, la hora de las oraciones, cuando hay un acto religioso. Un ejemplo muy fácil aquí en la semana santa todo el mundo está enfocado …entonces… esa salsa es la que nos falta a nosotros, porque todo el mundo va y prepara la oración. Pero aquí nos falta eso, porque al ser minoría no podemos tener días festivos así, celebrarlo como se celebra en el país de origen, pero bueno poco a poco estamos consiguiendo que los empresarios nos reconozcan ese día de descanso, que existen unas fiestas muy importantes, que existe una religión. El horario por ejemplo del ramadán que todavía no hemos podido conseguir…por eso digo que es mejor el país de origen, porque el mismo estado organiza todo y lo vive con normalidad (E-30).
En este fragmento se pone de relieve, además, uno de los obstáculos para la práctica religiosa mencionados con más frecuencia: el encaje de la oración o la práctica del Ramadán en el ritmo de vida y los horarios imperantes en nuestro país. Aparentemente, esta situación se agrava en el caso de los que se dedican al trabajo agrícola, debido a la duración de las jornadas.
“Pues no sé…la verdad es que no tengo mucha relación con mis paisanos, pero en principio yo creo que sí la respetan, habrán tenido algún problema por motivo de religión, supongo que…(pausa) bueno, me han contado que a lo mejor por ejemplo en el Ramadán para trabajar en el campo eso puede ser un problema” (E-31).
Finalmente, frente al intenso rechazo que, de acuerdo con otras investigaciones, suscita la práctica pública de la religión musulmana en una parte de la población, llama la atención el hecho de que ninguno de nuestros informantes manifieste haber percibido comportamientos por parte de los autóctonos que reflejen este rechazo. Sí hemos observado, no obstante, que los inmigrantes son conscientes de ser objeto de cierto recelo. Ante esta situación, reaccionan con un discurso que pretende relativizar el fanatismo que, según perciben, se les atribuye.
“Eso terrorismo es como decirte… (pensativo) cómo compararlo, es como decir todos los vascos son etarras, ¿sabes?, y esos que lo hicieron tienen que investigar más, saber más sobre el Islam. Falta más…desde el accidente o bien sale un hombre con barba amenazando que se cree no se quien…que sería Bin Laden o esta gente, y estos son los que dan una mala imagen del Isla. Lo peor es que hay gente que quiere que pase eso, entonces lo han utilizado hasta el fondo, que vinculan el Islam con el terrorismo, pero gracias a dios aún haciendo estas cosas, la religión que más crece en el mundo es el Islam, es por algo, es por algo, teniendo en cuenta que dicen que tratamos mal a las mujeres, si (risa)” (E-14).
“Yo lo veo muy normal, muy normal de todo extranjero y te hablo como musulmán…y la mayoría de mis amigos hablan así…yo digo que la religión musulmán es la correcta, y tu como cristiana dice la religión más correcta. Pero yo digo, como musulmán, como cristiano, cada uno debe ser bueno, la religión musulmán es bueno, la religión cristiana es bueno ¿por qué?.. ¿No coges tú lo bueno de mí y yo cojo lo bueno de ti? […] Yo veo ahora terroristas…si esto es musulmán no tiene nada bueno…eso así no, pero en ningún religión, en ningún cultura tiene algo bueno y algo malo…y dejo lo que pienso yo que es malo” (E-34).
Sin embargo, a pesar de los obstáculos objetivos y del recelo percibido frente a la práctica pública de la religión musulmana, entre los inmigrantes marroquíes es prácticamente unánime la idea de que la fe islámica y su práctica resultan perfectamente compatibles con su plena integración en la sociedad andaluza. La existencia de parejas mixtas, en las que el marido es musulmán practicante y la mujer católica, y desarrollan su vida cotidiana sin problemas da fe de ello.
“Con toda normalidad. Ella si por su familia tiene las cosas que van a misa, hacen algunas comidas también típicas, y como está la familia y que tal…respeto con todo el mundo, ella no es muy religiosa […] lleva una vida normal, light puede estar conmigo…ella no le afecta el sentido religioso. Quizá yo porque estoy más a…porque soy musulmán, me gusta practicar…es totalmente distinto” (E-30).

