PERCEPCIONES Y EXPERIENCIAS DE LOS INMIGRANTES MARROQUÍES ASENTADOS EN ANDALUCÍA
La perspectiva con la que se propone abordar el análisis de las percepciones y experiencias de los inmigrantes marroquíes asentados en Andalucía viene determinada por los principios rectores que enmarcan el II Plan Integral para la Inmigración en Andalucía en general y, de acuerdo con el proyecto, por el objetivo 10.1 del mismo en particular. El citado objetivo se orienta a “propiciar en la sociedad andaluza actitudes favorables a la acogida y a la integración social de la población inmigrante, tratando de prevenir la aparición de actitudes negativas hacia el hecho migratorio, así como modificar las posibles conductas racistas y xenófobas”. En concordancia con este objetivo, el análisis debe estar vertebrado en torno al concepto de integración social.
El término integración es uno de los más frecuentemente utilizados en los estudios sobre inmigración, especialmente cuando se trata de definir las políticas a seguir respecto a los inmigrantes. Su uso suele ir, además, asociado a una propuesta sobre lo que debería ocurrir, lo que se desea que ocurra. En este sentido, y dado que la incorporación de los inmigrantes a la sociedad receptora puede tomar formas diversas, podemos hablar de tres propuestas diferentes a la hora de abordar dicha incorporación, las cuales han ido sucediéndose en el tiempo como paradigmas hegemónicos. Las dos primeras pretenden alcanzar como resultado final una sociedad homogénea, bien mediante la adopción por parte del inmigrante de la cultura dominante (modelo de asimilación), bien mediante la fusión de las culturas preexistentes (modelo de fusión). La tercera propuesta, basada en una concepción intercultural de la sociedad, persigue la adhesión de los autóctonos y los inmigrantes a unos principios comunes de convivencia, sin que ni unos ni otros deban perder sus señas de identidad. Aunque el debate en torno a los modelos de integración permanece inacabado, las propuestas más recientes se sitúan dentro de este último modelo, el cual es considerado por la mayoría como el más deseable.
En línea con esta última propuesta, nosotros consideramos que los inmigrantes deben tener la oportunidad de incorporarse a la sociedad receptora en igualdad de condiciones, derechos y obligaciones con respecto a los ciudadanos autóctonos, sin que ello suponga la pérdida de su identidad cultural; esto conlleva, para que sea posible, la incorporación de los cambios necesarios por parte de la sociedad receptora. Por tanto, desde nuestro punto de vista, la integración social de los inmigrantes debe constituir un proceso de adaptación recíproca entre éstos y la población autóctona.
Este es, además, el modelo de integración asumido formalmente por la mayoría de las instituciones y, desde luego, por la Junta de Andalucía, aunque no siempre es compartido por la sociedad receptora. Así, una reciente investigación sobre opiniones y actitudes ante la inmigración (Rinken y Pérez Yruela, 2007) ha revelado que, para muchos andaluces, el apoyo a la integración social de los inmigrantes queda condicionado por la aceptación, por parte de estos últimos, de las principales reglas y costumbres de la sociedad de acogida. Desde esta perspectiva, este proceso debe llevarse a cabo sin que la sociedad andaluza deba experimentar ningún tipo de transformación profunda. La integración se concibe así como un proceso unilateral, según el cual los inmigrantes deben adaptarse a los estilos de vida y normas sociales existentes antes de su llegada. Esta postura de la población autóctona respecto a la inmigración, más cercana al modelo de asimilación que al del pluralismo cultural, ha sido observada también por otros autores fuera del ámbito andaluz (entre otros, Martín, 2004: 355; Wagman, 2004: 111; Zapata-Barrero, 2004: 438).
La discrepancia entre el modelo de integración que propugnan las instituciones y el que apoya una buena parte de la sociedad de acogida se ve acentuada cuando, en lugar de hacer referencia a los inmigrantes en general, se alude a los marroquíes en particular. En esta línea, un estudio sobre estrategias y actitudes de aculturación realizado en Almería (Navas et al, 2004) ha puesto de manifiesto que, de cara a la integración, los autóctonos plantean mayores demandas y exigen más renuncias a los inmigrantes de origen marroquí que a otros colectivos. De hecho, como ha señalado Martín (2004: 359), aunque los principales flujos de inmigración hacia España proceden del norte de África (países musulmanes), América Latina y Europa del Este, la cuestión sobre su integración está muy focalizada en los primeros. La razón es que latinoamericanos y europeos del Este son considerados por los autóctonos más cercanos desde el punto de vista cultural: ambos son mayoritariamente católicos, los primeros comparten la misma lengua, y los segundos el mismo espacio europeo. Hay, asimismo, investigaciones que reflejan que los inmigrantes subsaharianos –paradójicamente, musulmanes en su mayoría- gozan también de una mejor consideración por parte de los autóctonos, quienes están dispuestos a permitirles que, a la hora de integrarse, conserven parte de su cultura, mientras que a los marroquíes se les reclama el abandono de sus costumbres (Navas et al., 2004: 104). Para Martín (2004: 359-360), esta situación no es ajena a toda una serie de prejuicios acumulados con respecto al Islam y al mundo musulmán que se proyectan preferentemente sobre los inmigrantes procedentes de Marruecos, y que propician el establecimiento, en el imaginario colectivo, de una línea divisoria entre “culturas conflictivas” y “culturas integrables”.
En base a estos prejuicios, para la población andaluza, que tiende a considerar a los distintos colectivos de inmigrantes como conjuntos homogéneos, las enormes diferencias culturales que separan a españoles y marroquíes constituyen el factor decisivo que dificulta la plena integración de estos inmigrantes. Las diferencias que, de hecho, existen (las lenguas difieren, las religiones, también, y asimismo, lo hacen muchos de sus valores, normas y costumbres) se convierten así en barreras infranqueables que impiden su integración. La incompatibilidad que, desde esta perspectiva, se atribuye a ciertos rasgos propios de la cultura marroquí con las pautas culturales y de convivencia que caracterizan actualmente a nuestra sociedad provocan, además, que su plena integración, entendida como un proceso de adaptación mutua, sea percibida por muchos como una potencial amenaza a los valores y la identidad de la sociedad receptora. Los datos arrojados por el estudio de Rinken y Pérez Yruela (2007: 212), apuntan en esta dirección: una buena parte de los andaluces considera el uso público de vestimentas tradicionales por parte de las mujeres musulmanas o la ubicación de mezquitas en el territorio autonómico como peligros existenciales que ponen en entredicho la propia esencia de la sociedad andaluza.
Esta concepción de la cultura y comportamientos de los inmigrantes marroquíes y de los problemas que plantea su asentamiento en nuestra comunidad no se ajusta, sin embargo, a la realidad. Tampoco ha surgido espontáneamente. Como ya hemos señalado, es más bien el resultado del clima hostil hacia este colectivo que se ha ido creando y alimentando durante años y que ha propiciado la atribución generalizada a los inmigrantes marroquíes de ciertos rasgos, atributos o propensiones de conducta que favorecen el rechazo por parte de la población autóctona y, por tanto, dificultan su integración. La permanencia de estos prejuicios y estereotipos negativos se ve favorecida, además, por el desconocimiento de la realidad de este colectivo (Cea, 2005: 206).
En este contexto, y desde nuestro punto de vista, sólo el conocimiento de la situación real de los inmigrantes marroquíes asentados en nuestra comunidad, de sus problemas y sus aspiraciones podrá mejorar la imagen negativa que amplios sectores de la sociedad andaluza tienen de este colectivo, previniendo actitudes tendentes a la xenofobia o el racismo y favoreciendo de esta forma su plena integración. Así, el conocimiento de la situación social de este colectivo, por una parte, y de detalles concretos que muestren cómo los marroquíes no constituyen un conjunto homogéneo, ni sus costumbres una amenaza para nuestra sociedad, por otra, debe contribuir a deshacer los prejuicios y a crear un clima más favorable a su integración. Dedicaremos este capítulo al estudio de todos estos aspectos, a partir del análisis de la información arrojada por entrevistas cualitativas realizadas a inmigrantes marroquíes asentados en la comunidad andaluza.
Se expone, en primer lugar, la metodología utilizada, así como el perfil de los inmigrantes entrevistados. A continuación, se muestra una panorámica general de la procedencia geográfica y social de los inmigrantes, sus motivos para migrar, sus expectativas, redes sociales y grado de integración a partir del análisis de las entrevistas. Esta panorámica general se completará, por una parte, con un análisis más detallado de ciertos aspectos de la situación social de los inmigrantes a los que los entrevistados se han referido de manera recurrente, como son su actitud frente a la integración, su percepción de la discriminación, algunos aspectos relacionados con su nivel de arraigo y la importancia que para ellos tiene la práctica religiosa. Por otra parte, y con objeto de mostrar la heterogeneidad interna de este colectivo, incluimos una selección de los relatos de sus trayectorias vitales.

