Literatura
Existió una literatura española de expresión árabe, la andalusí, y hoy día existe una literatura marroquí de expresión española. Ésta es la mejor forma de sintetizar las connivencias literarias entre los dos países. La primera se dio en la época medieval y la segunda se está desarrollando últimamente a ritmo creciente.
La España islámica produjo una literatura de riqueza apreciable, en lengua árabe, desafortunadamente sólo conocida suficientemente por el escaso grupo de personas que en la España actual han estudiado la cultura andalusí. En Marruecos, el conocimiento de dicha literatura está más extendido entre las personas cultas por la facilidad de la lengua. Aunque desaparecido el cultivo de la literatura en árabe, ésta ha influido en el desarrollo de la literatura castellana. La literatura hispánica medieval produjo formas literarias en que se mezclaba la lengua árabe con la romance. Estas formas híbridas pueden ser consideradas, por tanto, como propias tanto de la literatura árabe andalusí como de la castellana. Formas, además, que se caracterizaron por la novedad estructural y técnica. Así, surgió el cultivo de nuevas estrofas poéticas, como la moaxaja y el zéjel, que se caracterizaban por el empleo de una lengua mixta árabe-romance al final de la composición. Con el tiempo, estas composiciones se extendieron a la literatura castellana, por un lado, y a la literatura árabe general. En Marruecos los poetas empezaron a utilizar estas formas, que incluso llegaron a Palestina, donde siguen componiéndose.
Además de la poesía, esquemas narrativos, temas, motivos y tratamientos argumentales típicos de la literatura árabe se utilizarán en las lenguas neolatinas peninsulares. La obra de D. Juan Manuel, El conde Lucanor, presenta un ambiente oriental en muchos de sus relatos. Obras originarias de La India y Persia, como Calila y Dimna, llegaron al Magreb y al-Andalus en su versión árabe, influyendo en numerosas narraciones que la imitaron, y luego se vertieron a las lenguas romances. Los cuentos de Las mil y una noches han ejercido una fascinación e influencia mantenida durante siglos. La obra cumbre de la literatura española, El Quijote, utiliza recursos inspirados en esta colección narrativa, como el hecho de presentar un relato dentro de otro y éste a su vez en un tercero. La obra cervantina pertenece a la época renacentista y al-Andalus era ya sólo un recuerdo. Sin embargo, en pleno siglo XVI se desarrolla en España la novela picaresca, con El Lazarillo y Guzmán de Alfarache como personajes prototípicos. Este género narrativo tiene precedentes en las narraciones árabes de las maqamat de los autores orientales al-Hamadani y al-Hariri, que vivieron en el siglo X y que crearon protagonistas de relatos en que un pícaro trata de huir de la pobreza y el hambre agudizando su ingenio. En Marruecos este tipo de literatura se ha utilizado también a lo largo del tiempo.
En el siglo XVIII, José Cadalso utiliza la realidad de las misiones diplomáticas hispano-marroquíes en sus Cartas marruecas para hacer una crítica de la situación española empleando personajes que al servicio del sultán vienen a España y contemplan la realidad lamentable del país.
En el siglo XIX, sobre todo durante el movimiento literario conocido como Realismo, se refleja el panorama histórico previo al colonialismo y los conflictos bélicos en el norte de Marruecos, siempre con una visión crítica.
En el siglo XX, gracias a la actividad de recuperación del pasado literario andalusí que hizo la escuela de arabistas españoles, que el siglo anterior dirigieran Codera y Ribera, se traducen a la lengua española parte de la poesía y la prosa árabe. Asín Palacios y Emilio García Gómez, sobre todo el segundo en cuanto a la poesía, ofrecen a la cultura contemporánea los logros del mítico al-Andalus. Sus traducciones de las viejas casidas influyen en poetas como Federico García Lorca, que llegó a imitar en castellano la forma poética árabe por antonomasia. Pero lo más curioso es que Lorca, que era granadino, presenta en su obra literaria múltiples aspectos formales y temáticos, que coinciden con la realidad de la vida marroquí. Esto induce a pensar, por un lado, que el pasado andalusí en cierta forma pervive en Marruecos; por otro, que el ambiente de Granada conserva elementos de su pasado andalusí o bien que estos han sido perennes en la realidad del sur peninsular y que coinciden sensiblemente con la realidad evidente en el norte de África. Se han señalado los paralelismos entre la realidad lorquiana y la cultura marroquí, como muy bien se refleja en el estudio de Mulay Ahmed El Gamoun: Lorca y la cultura popular marroquí. Incluso se ha hecho una versión cinematográfica de la pieza dramática del escritor granadino Bodas de sangre en versión marroquí, trasladando a este país la acción de la obra y ambientándolo en una sociedad islámica, y no traiciona en absoluto el sentido profundo que quiso transmitir su autor.
Por su parte, la literatura española también ha dejado su impronta en Marruecos. No sólo a una influencia directa sobre los escritores marroquíes. En cierto modo, una parte de la literatura española ha sobrevivido y pervivido en Marruecos cuando en la Península estaba agonizante o extinta. Se trata de los romances, esas composiciones narrativas en verso que constituyeron la base de la poesía castellana popular desde la Edad Media hasta el siglo XX. Los judíos y moriscos exiliados, junto con sus alforjas y pertrechos, se llevaron al vecino país una buena colección de romances que se transmitían oralmente de generación en generación. Romances compuestos y cantados en la Península, se fueron perdiendo u olvidando con el paso del tiempo, mientras que en Marruecos seguían conservándose gracias al celo que ponían abuelos y padres para legarlos a sus descendientes. Ramón Menéndez Pidal, el gran estudioso de los romances hispánicos y de la literatura medieval castellana, logró rescatar en Marruecos a principios del siglo XX composiciones, de origen medieval, que en España se encontraban desaparecidos. Y es digno de notar este rasgo, romances nuevos siempre se han ido componiendo, en Marruecos también. Pero los que se ha tenido gran interés en preservar han sido aquellos de tema hispánico medieval, que cuentan acontecimientos de la lucha y al mismo tiempo tolerancia entre cristianos y musulmanes. En otro guiño más del destino, resulta que para conocer el romancero castellano, tan querido, admirado y considerado tradicionalmente tan “español” había que acudir a Marruecos, a veces a aldeas casi aisladas, y oír recitar romances de “viejas sentadas al fuego”.
La literatura española contemporánea, por medio del Protectorado primero, y por el creciente interés de la sociedad marroquí en lo español, después, ha ido incorporándose al acervo general de la cultura marroquí. Habría que matizar que no sólo se refiere a la literatura de España, sino también a la hispanoamericana, que ha tenido un gran desarrollo a lo largo del siglo XX. El incremento del número de estudiantes de español y las facilidades de los medios de comunicación en lengua española, fácilmente accesibles desde el norte de Marruecos, por medio de antenas y parabólicas, ha permitido el auge en el interés por ella.
Lo más notorio de este panorama literario español en Marruecos es que hoy día ha surgido un grupo de escritores marroquíes, no siempre relacionados con familias descendientes de andalusíes o moriscos, que hacen literatura expresándose en lengua española. Su número, unos treinta, no es todavía grande, máxime si lo comparamos con los autores que publican en francés, pero sin duda son la vanguardia de una nueva generación que parece irá incrementándose y asentándose. Unos son novelistas y otros poetas, historiadores, periodistas, profesores de secundaria y Universidad. Entre sus nombres: Mohamed Chakor, Ibn Azzuz Hakim, Abdellah Djbilou, Mohamed Sibari, Mohamed Lahchiri, Abderrahman El Fathi, Abdelkader Ben Abdellatif, Ahmed Mohamed Mgara, el poeta Momata… Se ha creado incluso una asociación que los aglutina y los representa: AEMLE (Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española).
No existe, por el contrario, una literatura española que se exprese en árabe, si exceptuamos, lógicamente, la de aquellos nacionalizados españoles o descendientes de árabes establecidos en España. El escaso conocimiento de la lengua árabe y las deficiencias en su enseñanza dificultan la aparición de escritores españoles que utilicen esta lengua con fines literarios. En este sentido, esta realidad ejemplifica la diferencia que tiene el estudio del español y del árabe entre las dos sociedades del Estrecho. El interés de los marroquíes por el español se relaciona en parte por el atractivo e intereses varios que España está teniendo en los últimos años, debido a su desarrollo y despegue económico, también por el auge del español en el mundo dado el elevado número de países y hablantes que lo utilizan. En cuanto a la escases del estudio de la cultura árabe, no se justifica porque parte de dicha cultura es patrimonio también de los españoles, por el pasado andalusí. Pero se explica por el ostracismo que la realidad derivada de 1492 ha impuesto durante siglos y por la voluntad oficial durante mucho tiempo de asimilar lo árabe con lo islámico, haciendo de España una defensora de la civilización cristiana occidental. Ni siquiera hay facilidades para propiciar la enseñanza de la lengua árabe en las escuelas e institutos, reservada para los inmigrantes de origen árabe, y con muchas limitaciones, y además sin desvincularla del hecho religioso.
La inexistencia de una literatura española contemporánea en árabe, que expresa un importante déficit cultural en España, se compensa en parte con la actividad de escritores amantes de dicha cultura. El caso de Juan Goytisolo es el más significativo. Este novelista suele pasar largas temporadas en Marruecos y este país, aparte del recuerdo de al-Andalus, está presente en lo mejor de su obra. Una característica común de los autores filoárabes es su relación especial con Marruecos, al que ven cercano culturalmente a España y a los que les gustaría una relación más intensa. Reivindican la mediterraneidad de las dos orillas del Estrecho y temen que la política oficial de los gobiernos, al amparo de las circunstancias actuales de construcción de la Unión Europea, primen solamente el fomento de la europeidad de España, para acercarla a los países del norte de Europa.
El fenómeno de la globalización hoy día está acercando todas las culturas. La presencia de una importante comunidad marroquí en España y el potencial de los medios comunicativos españoles en Marruecos sin duda contribuirá a que la literatura incremente su difusión en los dos sentidos entre los dos países.

