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Intercambio intelectual

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Intercambio Intelectual

 

 

A través de  los viajes, se ha producido a lo largo de  la historia un flujo notable de personajes cultos que ansiaban conocer el país vecino de cada cual. Sabios, pensadores, poetas y embajadores de una y otra orilla realizaban estancias de cierta duración y solían escribir acerca de lo que veían. Era frecuente que los intelectuales de un lado contactaron con los del otro.  Desde el punto de vista literario, procuraban leerse sus respectivas obras, bien en la lengua original o por medio de alguna traducción.

 

El período islámico en la Península Ibérica lógicamente facilitó este tipo de contactos e intercambios. Los pensadores cordobeses Averroes (musulmán) y Maimónides (judío) permanecieron en etapas importantes de sus vidas en Marrakech, encontrando un ambiente más propicio para sus actividades médicas y filosóficas en el Magreb que en su propia tierra. El pensador y literato granadino Ibn Tufayl es otro ejemplo de lo que decimos.  Estos tres nombres representan la cima del saber teórico y práctico en al-Andalus y curiosamente vivieron en la época en que los almohades regían los destinos en las dos orillas del Estrecho. La poetisa granadina Hafsa al-Rakuniyya (1135-1191) estuvo en Marrakech y educó a las princesas almohades. Pero, además de los sabios andalusíes, grandes personalidades de la cultura cristiana, que vivían en los reinos peninsulares del norte, también se decidieron a viajar a Marruecos y al resto del Magreb, sintiéndose influidos por los conocimientos que adquirieron. El pensador, literato e inventor mallorquín Raimundo Lulio –Raymund Llull  (1232-1315) es uno de los casos más conocidos, realizando tres misiones por diferentes regiones del Magreb.

 

Ibn BatuttaDesde el norte de África también se buscaba el saber andalusí. El tunecino, de origen sevillano, Ibn Jaldún, que vivió en el siglo XIV, y escribió una importante obra histórica y sociológica, llevó a cabo largas estancias en Marruecos y al-Andalus  y las mismas fueron importantes para su formación intelectual. El geógrafo al-Idrisi (1100-1165), viajó frecuentemente por las dos orillas, aprovechando la unidad política que garantizaban los almorávides. En Tánger surgió la figura de uno de los grandes viajeros universales, Ibn Battuta (1304-1377), que se embarcó por toda Asia, África y también el reino nazarí de Granada durante varias décadas.

 

Viajes de Ibn Batutta

 

Con posterioridad al fin del reino nazarí de Granada, el tremecení, aunque afincado en Fes, al-Maqqari (1591-1652) se dedicó a escribir sobre el pasado islámico de España, utilizando las obras de numerosos autores andalusíes, como el historiador cordobés del siglo XI Ibn Hayyán. Respecto a esto último, a nivel literario e intelectual, al igual que sucedió en los demás aspectos, el final de al-Andalus motivó la emigración de muchos a Marruecos, por lo que este país en cierta forma recupera y continúa el legado andalusí perdido en la Península, aunque sea de forma fosilizada; de modo que para rastrear en lo que fue la cultura de al-Andalus es necesario hoy día tener que recurrir al país vecino para buscar su huella.

 

En el siglo XVI, el granadino Juan León, apodado el Africano, por sus viajes al continente que le dio el apelativo, realizó estancias en Marruecos y escribió sobre lo que veía en una obra de gran interés, su archiconocida Descripción General de África.

 

Durante los siglos XVII, XVIII y XIX se realizan diferentes misiones diplomáticas a Marruecos por parte de embajadores españoles y lo mismo sucede a la inversa. Conocidas son las misiones que el rey español Carlos III envió al país magrebí en la segundo mitad del siglo XVIII, como la de Boltes y otros personajes en 1765. Lo más notorio es constatar que el personal diplomático enviado está formado por hombres cercanos a sus cortes y con gran nivel cultural. Muchos de ellos suelen ser literatos y describen en sus obras, algunas de ellas verdaderos libros de viajes, los rasgos de  la corte que visitan, junto con sus impresiones de lo que ven en el conjunto del país. Salvando las diferencias religiosas, un aspecto comúnmente reseñado es que constatan las similitudes en diversos aspectos de la vida entre los dos países, sobre todo en lo que respecta a la forma de ser de las clases populares.


La época de Protectorado marcará un profundo interés español en Marruecos, fomentándose oficialmente la estancia de técnicos y especialistas españoles en numerosas poblaciones del norte del país. Por lo que se refiere a los viajeros que eran escritores, se percibe la admiración por las bellezas de Marruecos y la constante comparación entre el norte marroquí y las regiones meridionales españolas. El rechazo al dominio colonial español es generalizado en su literatura. Podemos citar los escritos del sacerdote Jacinto Verdaguer, el historiador Luis Nicolás d’Olwer, la escritora feminista Aurora Bertrana y viajeros de renombre como José Arbide Martínez, Roberto Arlt, Alberto Camba, Julio del Carpio, Fernando Carranza y Reguera, Julio Cola Alberich, Fernando Íñiguez y otros.

 

Después de la independencia de Marruecos, sigue habiendo españoles interesados y enamorados de ese país, tratando de buscar los lazos comunes con España. El escritor Juan Goytisolo es sin duda alguna el más conocido y el que realiza una intensa labor por acercar la sociedad marroquí a la española, señalando las señas de identidad compartidas. En el apartado de lazos literarios mencionamos algunos nombres de escritores marroquíes que escriben toda o parte de su obra en español, contribuyendo extraordinariamente al mantenimiento de una importante conexión cultural entre los dos países en la época actual.

 

 


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