Época Contemporánea
El siglo XIX y la primera mitad del XX ha sido una época convulsa en que han tenido lugar lo que desde la perspectiva española se conoce como “las guerras de África”, la aportación española a la expansión colonial europea por el continente africano, con el propósito de establecer un dominio en el norte de Marruecos, alentado por el temor español a verse rodeado por los franceses tanto al norte de los Pirineos, como al sur, en Marruecos, país que Francia quería asimilar como la mayor parte del resto del norte de África. En 1859 tuvo lugar una de estas guerras, seguidas de diferentes fases a lo largo de las décadas siguientes. Por el Tratado de Algeciras de 1906, a España se le adjudica en régimen de Protectorado el norte de Marruecos –desde 1875 había establecido su control en el Sáhara occidental, y se había adjudicado el territorio de Sidi Ifni desde 1860-, y el resto del país a Francia, haciéndose efectivo a partir de 1912 cuando tropas españolas y francesas comenzaron a ocupar sus áreas respectivas. El régimen de Protectorado fue aceptado por el sultán, pero no por las tribus bereberes levantiscas rifeñas, que se alzaron contra las tropas españolas bajo el liderazgo de Abd al-Krim, teniendo lugar diversos episodios bélicos, sobre todo en la década de los años veinte, siendo el desastre para las tropas españolas en la batalla de Annwal (22 de julio de 1921) el principal exponente de ellos. La guerra del Rif no se concluiría hasta el desembarco de Alhucemas (1925), con tropas españolas comandadas por Miguel Primo de Rivera. Las guerras de Marruecos fueron costosas en lo humano y económico, contando con el rechazo expreso de importantes sectores de la sociedad española, tanto popular como intelectual, que no querían enviar a sus hijos a una guerra colonial injustificable. Las obras literarias españolas de la época recogen este clima de animadversión a la ocupación del norte de Marruecos, así como las proclamas de los movimientos obreros y grupos políticos de izquierda.
Durante la II República española de 1931-1939 no hubo cambios en el estatuto colonial respecto a Marruecos. La guerra civil que acabaría con la misma determinó la presencia de fuerzas marroquíes en el ejército franquista, a raíz de las relaciones y promesas del General Franco, buen conocedor del país magrebí por haber desarrollado en él la mayor parte de su carrera militar, al igual que la mayoría de los mandos castrenses, que utilizaban Marruecos para su promoción militar. El Protectorado español no aportó grandes cambios en el nivel de vida de la población del norte marroquí, pese a que esa era la justificación política de la colonización. Aparte de personal militar y sus familias, algunos grupos de campesinos, trabajadores y funcionarios españoles se establecerían en Marruecos, caracterizándose por el desarrollo de una profunda admiración por este país, y por ser grandes defensores en el refuerzo de las relaciones de todo tipo entre España y Marruecos una vez que éste obtuvo la independencia el 7 de abril de 1956, tras aceptarla el régimen de Franco, al ver la disposición francesa a concederla.
Poco después de la independencia, tiene lugar la llamada Guerra del Ifni (diciembre 1957-junio 1958), cuando fuerzas irregulares marroquíes pretendieron conquistar el pequeño enclave de Sidi Ifni, al sur de Marruecos, en manos españolas desde 1860, pero cuya ocupación efectiva no se había hecho hasta 1934. El ejército español decidió desprenderse de la zona árida que no tenía valor estratégico ni económico, enrocándose en la capital del enclave. España cedería Tarfaya a Marruecos en 1958, y Sidi Ifni, bajo presión internacional, sería cedido finalmente el 30 de junio de 1969.
Un último conflicto se produciría durante la agonía del General Franco, en noviembre de 1975, cuando el rey de Marruecos, Hasan II, organiza una marcha pacífica de más de 300.000 personas hasta la línea fronteriza del Sáhara Occidental, reclamando la soberanía marroquí de esta región, a fin de evitar la autodeterminación de la misma, prevista por el dictamen del 16 de octubre de 1975 del Tribunal de Justicia de la ONU. Los acuerdos tripartitos de Madrid, a finales de ese año, determina la descolonización del Sáhara por parte de España, cediénndose a Marruecos los dos tercios superiores del territorio y a Mauritania el tercio inferior, efectiva desde febrero de 1976, y rechazados por el Frente Polisario, organización representante del pueblo saharawi, que iniciaría un conflicto armado a partir de entonces, todavía no resuelto.
Así pues, hasta la llegada a España de un sistema democrático, la dinámica de relaciones políticas entre los dos países, en toda la época contemporánea, ha estado marcada por conflictos bélicos y disputas territoriales. Después de la independencia de Marruecos en 1956, la España política desatendió las acciones culturales y las relaciones económicas, mientras que Francia las seguiría impulsando.

