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Época Actual

 

Mientras que Marruecos ha vivido una continuidad institucional desde 1956, aunque sea con sobresaltos, el Estado español se ha transformado a partir de la Constitución de 1978 y la restauración del régimen de partidos políticos que se suceden en el poder. El nuevo sistema se ha replanteado la estrategia de relaciones con Marruecos, considerando este país vital para los intereses exteriores de España. Las relaciones diplomáticas se han intensificado extraordinariamente. Los viajes de presidentes del Gobierno y ministros a Rabat se han hecho sistemáticas, así como las cumbres bilaterales entre los dos gobiernos, sobre todo desde el Tratado de Amistad, Buena Voluntad y Cooperación de 1991. Las relaciones comerciales son muy importantes, principalmente respecto a producciones agrícolas y pesca, siendo este tema el más importante en las conversaciones diplomáticas entre los dos Estados durante la década de los ochenta y parte de los noventa. En los últimos años, la cuestión de la inmigración a España de magrebíes y subsaharianos -que pasan por Marruecos para trasladarse a la Península- se ha convertido en el eje central de las relaciones, una vez salvado el conflicto del islote de Perejil/Leila del verano de 2002, que tensó las relaciones entre los dos países durante los años finales del gobierno en España del Partido Popular, y que ha servido de acicate para mejorar las relaciones de vecindad a partir del gabinete socialista de 2004.

 

Decíamos en la introducción que las relaciones entre vecinos no son fáciles. Aunque la consideración oficial entre los gobiernos marroquí y español es la del mantenimiento de relaciones magníficas y excelentes, quedan todavía algunos temas conflictivos, no siempre presentados de manera oficial, pero que subyacen en el clima de confianza mutua. Son los siguientes:

 

La cuestión de la soberanía territorial de las plazas españolas en África

Reivindicadas por Marruecos: Ceuta y Melilla especialmente, pero también el Peñón de Alhucemas, el Peñón de Vélez de la Gomera, las islas Chafarinas y el islote de Perejil/Leila. Hasta el momento, las reivindicaciones marroquíes se hacen por medio de artículos de prensa y alusiones indirectas a los “residuos coloniales” en discursos políticos, pero no directamente en las conversaciones bilaterales o mediante reclamación en los organismos internacionales. En este contexto, habría que añadir algunos litigios por la delimitación del espacio marítimo entre Canarias y la costa atlántica marroquí, principalmente, y áreas del Estrecho de Giblartar en torno a los enclaves españoles del mismo.

 

La cuestión de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental

La opinión pública española apoya mayoritariamente el derecho a la autodeterminación del pueblo saharawi y el gobierno español concede cobertura diplomática al Frente Polisario, que mantiene un largo conflicto con Marruecos desde 1976. La postura oficial española busca un difícil equilibrio para no soliviantar a Marruecos y tampoco defraudar las expectativas del Frente Polisario y de los 70 países que reconocen a la República Árabe Saharawi Democrática (RASD), mediante el posicionamiento de “neutralidad activa”. La cuestión saharawi determina asimismo el flujo de relaciones entre Marruecos y Argelia, por una parte, y entre España y Argelia, por otra, contaminando las relaciones económicas y de cooperación.

 

Las cuestiones económicas

Los dos países, como vecinos que son, a veces concurren en el mercado con las mismas producciones. Históricamente ha habido algunos problemas entre las exportaciones españolas y marroquíes de productos agrícolas, principalmente frutas y verduras, de calidad parecida, aunque con diferentes precios. Particularmente ha habido litigios importantes en lo relativo a la pesca, por las compensaciones y limitaciones que Marruecos ha exigido para permitir faenar en sus aguas a los pescadores españoles, que tradicionalmente han utilizado sus caladeros para desarrollar su actividad.

 

El tema de la inmigración

Aunque estadísticamente los flujos migratorios desde Marruecos a España no son tan relevantes como los de otras regiones, sin embargo tienen una repercusión importantísima en la opinión pública y en la sensibilidad humana por las imágenes mediáticas de las pateras del Estrecho o de Canarias, los cadáveres sobre las aguas y la desesperación de cientos de jóvenes asaltando las vallas de Ceuta y Melilla. En los últimos años esta cuestión se ha convertido en tema prioritario entre los dos países y subyace en las políticas de cooperación española respecto a Marruecos.

 

La amenaza terrorista

Está cobrando también interés la cuestión de la seguridad, sobre todo por la amenaza del terrorismo yihadista. Marruecos y Argelia han sufrido importantes ataques de terroristas islamistas, procedentes de su propio territorio, que también han actuado en España, en los atentados del 11 de marzo de 2004. Esta cuestión no se plantea como un litigio en las relaciones, sino como un problema común que debe abordarse con la cooperación mutua. Dentro del tema de seguridad, el tráfico de drogas también se contempla de manera creciente.


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